miércoles, marzo 23, 2016

El viento que arrasa - Selva Almada (Mi lectura)


El viento que arrasa
El viento que arrasa
Selva Almada
2012
Mardulce Editora
168 páginas
  ¿Qué es una escritora madura? ¿Qué es una escritura consumada? Estas preguntas adquieren un nuevo sentido cuando hablamos de una primera novela: el sentido de la originalidad, de lo inesperado, de lo asombroso. El viento que arrasa convierte esas palabras en elogios, en una descripción ajustada de lo que su prosa expresa. Una escritura firme, segura, potente y, quizá por eso, profundamente poética. Un reverendo y su hija de viaje por el Chaco, en un clima de conflictos y tormentas, diálogos filosos y locura solapada. Casi cinematográfica, El viento que arrasa es una novela en la que los personajes son nítidos, corpóreos, se escuchan sus voces, sus modos. Y los del paisaje: el monte, el sol, los árboles achaparrados, los autos rotos, las camisas transpiradas y las vidas destruidas.





Comencé a leer esta novela como parte de mi reto personal de leer autores argentinos. Había leído sobre la autora y sobre el impacto de esta novela que me  quedó pendiente de comentar en el blog.

Concordia Entre Ríos

En su momento, me decidí por esta obra luego de leer la sinopsis y porque me interesó la temática.


Como dato interesante: esta novela fue elegida Libro del año 2012 por la revista Ñ



Como su sinopsis lo indica, la novela trata del viaje de un reverendo, Pearson, y su hija, Leni, quienes se quedan varados en la ruta por un desperfecto en su vehículo. Deberán esperar para continuar su viaje al Chaco. Desde ese lugar en medio de ruta, mediante la incorporación del mecánico, el gringo Bauer, y su ayudante, Tapioca, iremos conociendo más el pasado de cada uno de los cuatro protagonistas en un paraje desolador y abandonado.

Ruta 18, Entre Rios
Ruta 18, Entre Ríos imagen editada por mí y tomada de StreetView



Ruta 18, Entre Rios
Ruta 18, Entre Ríos imagen editada por mí y tomada de StreetView


         El viaje del Reverendo con su hija se me hacía similar a los viajes misionales en búsqueda de fieles para sumar a la iglesia. Me suenan mucho a esos vendedores ambulantes de antaño tratando de venderte el elixir de la vida. El reverendo es el prototipo del pastor en búsqueda de fieles tratando de ganar almas para el cielo que no es más que ganar prestigio y conquistar, un ardid de seducción.


Luego de varias semanas de recorrer la provincia de Entre Ríos —fueron bajando desde el norte por el margen del río Uruguay hasta Concordia y allí agarraron la ruta 18, atravesando la provincia justo por el medio hasta Paraná—, el Reverendo decidió seguir viaje hasta Chaco.


         La terminé de leer muy rápido porque es entretenida y amena pero me quedé con ganas de conocer un poco más de ciertos detalles de la historia del pastor como qué lo llevó a vagar solo con su hija dejando al resto de la familia. Por momentos me pareció justa en su desarrollo y en otros me hubiera gustado seguir leyendo un poco más. Además, cae en ciertas construcciones hechas que me frenaron un poco la lectura.


Ruta 18, Entre Rios imagen editada por mí y tomada de StreetView
Ruta 18, Entre Ríos imagen editada por mí y tomada de StreetView

         

La descripción del contexto me permitió sentir hasta la lluvia, el agobio de un ambiente desértico, poblado de matas de pastos duros y resistentes. Poco a poco, la asfixia de esos personajes encerrados en su monotonía y en un abandono, acompañó el estancamiento en ese paraje tan hostil y solitario. Además, recordé de mis escasos viajes esas rutas interminables en ese paisaje tan igual, interrumpido por unas vacas, unos árboles y unos postes, la llanura que me sumergía en el sueño. Sobre todo recuerdo el tránsito por Santiago del Estero donde veíamos pasar, desde el fresco del aire acondicionado del colectivo, unos campos calcinados y el cemento de la ruta que se desdibujaba por efecto del calor.


El Reverendo detuvo su caminata y se pasó el pañuelo por el cuello y el pecho. El viento no aliviaba; soplaba caliente como el aliento del diablo. Se sentó en el terraplén que formaba la banquina. Los pastos resecos penetraron la tela del pantalón hincándole la carne blanda.


Seguiré leyendo a la autora y creo que optaré por Ladrilleros. ¿Conocían a Selva Almada?




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