«Sólo quiero hablar contigo, decírtelo todo por primera
vez. Tendrías que conocer toda mi vida, que siempre fue la tuya aunque nunca lo
supiste. Pero sólo tú conocerás mi secreto, cuando esté muerta y ya no tengas
que darme una respuesta; cuando esto que ahora me sacude con escalofríos sea de
verdad el final. En el caso de que siguiera viviendo, rompería esta carta y
continuaría en silencio, igual que siempre. Si sostienes esta carta en tus
manos, sabrás que una muerta te está explicando aquí su vida, una vida que fue
siempre la tuya desde la primera hasta la última hora».
ASÍ COMIENZA
Cuando por la
mañana temprano el famoso novelista R. regresó a Viena después de una
refrescante salida de tres días a la montaña, decidió comprar el periódico. Al
pasar la vista por encima de la fecha, recordó que era su cumpleaños. Cuarenta
y uno, se dijo, pero esta constatación no le agradaba ni le desagradaba.
MI LECTURA
Escuché varias veces eso de que “ojalá te enamores”
arrojado como una maldición. Y la protagonista de esta historia de Stefan Zweig se enamora de su vecino y decide escribirle a los años, aún con su sentimiento tan intacto como el primer
día. Para ella él es todo su mundo; para él, ella es la nada. Entonces ella le escribe una carta desgarradora
donde le cuenta lo que significó para ella, lo que duele el desamor, la
lejanía, el saber que nunca la amará.
Quiero reunir todas mis fuerzas para, por una vez, sólo esta vez,
hablarte a ti, amor mío, que nunca me conociste.
El amor tiene algo de misterioso. ¿Cómo podemos explicar la sensación que nos
produce el mirar el rostro de alguien por primera vez? Y es como si lo
conociéramos de otra vida y ahora nos habríamos reencontrado. Es la alegría de
por fin vernos desde una distancia incomprensible. Sí, así es el amor puro. No
tiene nada que ver con el sexo, no tiene nada que ver con la necesidad. Es un
amor que crece a raíz de un misterio que jamás podemos entender pero que es
real, está y nos duele. Sí, amar duele porque amar se siente con todo el
cuerpo. Debe ser uno de los momentos en que uno se percibe como una unidad de
cuerpo y alma. Amamos con el alma y con cuerpo, nos duele el alma y el cuerpo,
y cuando se él o ella o ello se va, nos desgarra.
Hay varias
teorías que explican esta maravilla de ver y reconocer al amado o amada o amadx
o amad@. Una de las más conocidas son las mitades, narradas por Aristófanes, que siempre se buscan pero no
todas se encuentran. Ya sé, ahora estarán saltando quienes crean que el amor es
una mentira construida socialmente y que no somos naranjas al medio sino naranjas
completas y cosas así de demás fruterías. Pero uno decide como quiere vivir, si
creyendo en que el amor existe o creyendo en que todo es una verdadera farsa.
Yo prefiero pensar que hay sucedáneos del amor a los que he renunciado hace
mucho pero nunca renunciaré al amor
aunque no llegue nunca, tal cual, como la protagonista que se mantiene
firme durante años. Será por esto que el libro me conmovió tanto.
La
protagonista es anónima. El autor no menciona su nombre quizás para no revelar
jamás quien está detrás de la carta mediante la cual el autor arma la obra. Lo
que más me impresionó fue la forma en Stefan
Zweigmantiene la emoción desde
la primera a la última página. No hay un momento de aburrimiento, no hay
momento donde la emoción se cae para solo leer y leer palabras que dilatan. La
novela fue tan pulida que no tiene una palabra de más y todo se concentra en
menos de cien páginas. Además es interesante considerar la época en que fue
escrito el libro, primera edición es de 1922,
y aún hoy día su lectura no está envejecida, cuestión que sí me ha sucedido con
otros libros que tratan temáticas amorosas.
Para ella,
él, su objeto amado, cobra una dimensión tan enorme que hasta las cosas más
ínfimas, como una corbata, tiene una presencia profunda en ese universo íntimo
que la protagonista construyó tan solo con una imagen. Me llevó a pensar en los
amores platónicos, en el
enamoramiento que se sufre tan solo ante una imagen que porta tanto significado
que cobra vida como si viniese de un pasado, como si ese otro u otra fuese un
recuerdo de algo que vivió, que vivimos. Tan fuertes son todas estas emociones
que podemos construir con ellas un mundo.
Ahora sólo te tengo a ti en el mundo, sólo a ti, que no sabes nada de
mí, que juegas o coqueteas con personas y cosas, sin sospechar nada. Sólo a ti,
que nunca me has conocido pero al que siempre he querido.
CANCIÓN PARA ESCUCHAR MIENTRAS SE LEE
Canción: The first time ever i saw your face (La
primera vez que vi tu rostro)
Intérprete: Celine Dion. (La versión que más me gusta)
FRASES
SUBRAYADAS
Imagen de Freepik
Una muerta ya no
quiere nada, no quiere ni amor ni compasión ni consuelo.
Mi vida giraba alrededor
de la tuya, tu vida me preocupaba con toda la insistencia, la obsesiva
obstinación de una niña de trece años.
Pero todavía
recuerdo perfectamente el día y la hora exacta en que te entregué mi corazón
para siempre.
Me resultaba
imposible pronunciar tu nombre: en ese segundo, en ese único segundo, se
convirtió en algo sagrado, en un secreto.
Es humilde y
servil, tan receloso y apasionado como nunca puede serlo el amor
inadvertidamente exigente y lleno de deseo de la mujer adulta.
Sólo los niños solitarios
pueden contener su pasión.
Para mí lo eras
todo, toda mi vida. Todo existía sólo si tenía relación contigo, toda mi vida
sólo tenía sentido si se vinculaba a ti. Transformaste toda mi existencia.
Lo sabía todo sobre
ti, conocía cada una de tus costumbres, cada corbata, cada traje.
Mi primer
pensamiento fuiste tú, el secreto que me unía al mundo.
Porque pensar en el
amor o simplemente en un flirteo con otra persona que no fueras tú se me hacía
tan incomprensible, tan inimaginable, que sólo la tentación me hubiera parecido
un delito. Mi pasión por ti seguía siendo la misma, pero era distinta con
relación a mi cuerpo, que tenía los sentidos más despiertos: se convirtió en
una pasión más fogosa, más corporal, más de mujer.
Al día siguiente
estaba de nuevo delante de tu casa humildemente, esperando mi destino como he
esperado durante toda mi vida delante de tu vida cerrada.
…la cara de una
chica, de una mujer, resulta terriblemente cambiante para un hombre, porque no
suele ser sino el reflejo de una pasión o de una ingenuidad o de una fatiga,
que se borra tan fácilmente como la imagen de un espejo.
Porque a ti,
ciertamente, sólo te gustan las cosas fáciles, juguetonas, nada pesadas, tienes
miedo de inmiscuirte en un destino ajeno. Lo que quieres es entregarte a todos,
al mundo, no quieres ninguna víctima.
No se miente a la
sombra de la muerte.
La degradación, la
deshonra anímica y física que la pobreza debe soportar, yo las sufrí allí, al
lado de prostitutas y enfermas que hacían del encuentro de sus destinos una
injusticia.
Sabía que en este
mundo, el pobre siempre será una víctima a la que pisan, a la que humillan,
Nunca he conocido a
ningún hombre que se entregue en esos momentos con tanta ternura, que ofrezca
su profunda intimidad con tanto altruismo y que después lo diluya todo en un
olvido infinito, casi inhumano.
Pero, ¿quién eres
tú para mí, tú que no me has conocido nunca, que pasas a mi lado como si
pasaras junto a un riachuelo, que me pisas como a una piedra, que siempre
sigues adelante y me dejas en la eterna espera?
Imagen de Freepik
CONCLUSIÓN
Lectura bella y emotiva, imprescindible para creer en el
amor, para aprender a vivir con el corazón en llamas, siempre vivo. Se sufre,
sí, pero ¿no amar no es también un sufrimiento?
Marie, una treintañera que vive en un pueblecito alemán,
tiene un gran talento para enamorarse del hombre inadecuado. Poco después de
darle calabazas a su novio en el altar, conoce a Joshua, un carpintero un poco
raro y desaliñado. Joshua es un
hombre diferente a todos los que ha conocido antes: sensible, atento,
desinteresado. Pero, desafortunadamente, tampoco él es el hombre perfecto: en
su primera cita le confiesa que es Jesús.
Al principio, Marie
piensa que está completamente loco, pero poco a poco se da cuenta de que su
historia es cierta. Se ha enamorado del Mesías, que ha venido a la Tierra poco antes del
Juicio Final. Marie deberá hacer frente no sólo al fin del mundo, previsto para
el próximo martes, sino al romance más descabellado de todos los que ha vivido.
ASÍ COMIENZA
Jesús nunca tuvo
ese aspecto, pensé al mirar una Santa Cena que había en el despacho del pastor
protestante. Si era un judío árabe, ¿por qué en la mayoría de las imágenes
parece uno de los Bee Gees?
MI LECTURA
No es el primer libro que leo del autor, es el tercero, y
siempre me resulta una lectura placentera, que me hace reír y emocionar. Me encanta
su escritura, su humor, las temáticas. Creo que tendré en mi biblioteca toda su
obra, con esto ya digo lo que me gusta.
De todos sus
títulos, Jesús me quiere es el que
menos me llamó ya que tenía un poco de prejuicio con eso de tomar una figura tan
fuerte como la de Cristo y hacerla novelada y hasta contemporánea pero fue más
la curiosidad y al final me animé. No me defraudó para nada.
Su lectura
es muy amena y está bien estructurada. Durante la obra, Safier alterna varios
registros: la primera persona para la protagonista, las tiras cómicas de la
hermana de la protagonista y la tercera persona para los sucesos en torno del
arcángel Gabriel. Estas miradas enriquecen la obra pero sin generar confusiones
ni sobrecarga.
Ya Dostoievski
había planteado, desde otro lugar, la segunda venida de Cristo en El gran inquisidor. En Jesús me quiere, en cambio, el foco está
puesto en una mujer de unos treinta, Marie, quien transita una etapa de crisis amorosa y personal hasta que
conoce a Joshua, un carpintero, hacia quien siente una atracción inmediata.
Es una atracción humana, de una
mujer hacia un hombre carismático y apuesto. Ya no cuento más porque haría spoiler.
La visión
de Jesús es la de un hombre atrapado entre el cielo y la tierra. Más allá de las
partes jocosas, el autor presenta la faceta de un dios que se hace hombre y,
como tal, tiene necesidad de ser amado; no habla de un amor místico, es
corpóreo. No debe de existir nada más atroz que la soledad de los seres únicos.
Jesús en la tierra es único. Jesús anda sin familia, como un paria, y es la
paradoja reencarnada de quien tiene a toda la humanidad de hermanos pero no
tiene hermanos, ni hijos. Así como Marie se debate entre amar y no amar, Jesús
se enfrenta a sus propios demonios.
Para los creyentes,
quizás resulte chocante leer sobre Jesús encarnado pero creo que es necesario
traer al presente a la figura de esta deidad que se nos escapa en un mundo
antiguo, aún vestido de sandalias y túnicas. ¿Si vendría Jesús de nuevo a vivir
entre nosotros, vendría vistiendo sandalias o andaría en jeans y zapatillas? Lo
más lógico sería que sea un Jesús contemporáneo pero cuesta imaginárselo de esta manera por lo
impresión férrea en nuestra mente de un ser barbudo y de túnica, aún con la
corona de espinas. Estaría interesante pensar en cómo se vería Jesús hoy entre
los seres humanos. ¿Dónde nacería? ¿Dónde viviría? ¿Los seres humanos lo
dejarían vivir? ¿Con quién se enfrentaría? ¿Sería con los empresarios? Y tengo
más preguntas, muchísimas más.
FRASES SUBRAYADAS
¿Por qué siempre
hacemos daño a las personas a las que queremos proteger de sí mismas?
Hay personas que,
por amor, sacrifican su matrimonio, otras su profesión y otras su sistema
nervioso.
No te inquietes por
el mañana, porque el día de mañana ya tendrá sus propias inquietudes.
¡Mierda de amor,
que sólo te confunde!
Y nada inquieta más
a un condenado a muerte que el miedo a las esperanzas truncadas.
El tiempo que
pierdes con tus miedos, no lo recuperas nunca.
Nada provocaba a la
gente más alegría y a la vez más preocupación, más entusiasmo y a la vez más
espuma de rabia en la boca que la familia. La vida de los humanos, pensó
Gabriel, sería mucho más sencilla si, en temas de reproducción y crianza, Dios
los hubiera concebido como a las lombrices de tierra.
Satanás nos ha dado
lo que más deseábamos. A mí, la mujer a la que siempre he amado.
CONCLUSIÓN
Jesús me quiere es una obra que puede ofrecer
varias lecturas: desde una obra de humor hasta un planteo de la relación de la
humanidad con las deidades, con lo sagrado, la esperanza, el sacrificio y el
amor. En el trasfondo están las personas sumergidas en una red anastomosada de
problemas, superadas por una vida construida con todos esas inconformidades y
materialismos, una humanidad que se pierde sin un plan, alejada del goce del
vivir, del disfrute de este mundo que Dios, los dioses o como lo quieran
llamar, nos ha regalado, una vida que es el mayor milagro en el que somos
protagonistas. Creo que todos necesitamos un Joshua que nos arrime a la
esperanza.
La línea blanca del
centro de la autopista se desenrollaba
siempre abrazada a
nuestro neumático delantero izquierdo
como si estuviera
pegada a sus estrías.
SINOPSIS EDITORIAL
Con el paso del tiempo, "En el camino", un libro
que fue la biblia y el manifiesto de la generación beat, se ha convertido en
una «novela de culto» y en un clásico de la literatura norteamericana. Con un
inconfundible estilo bop, que consiguió para Kerouac el título de «heredero de
Charlie Parker», en esta novela se narran los viajes enloquecidos, a bordo de
Cadillacs prestados y Dodges desvencijados, de Dean Moriarty el mítico hipster,
el héroe de todos los beatniks, «un demente, un ángel, un pordiosero» y el
narrador Sal Paradise, recorriendo el continente, de Nueva York a Nueva
Orleans, Ciudad de México, San Francisco, Chicago y regreso a Nueva York. Alco-
hol, orgías, marihuana, éxtasis, angustia y desolación, el retrato de una
América subterránea, auténtica y desinhibida, ajena a todo stablishment. Una
crónica cuyos protagonistas, en la vida real y en el libro, fueron Jack Kerouac
(Sal Paradise), Neal Cassady (Dean Moriarty), Allen Ginsberg, William
Burroughs.
MI LECTURA
El libro fue inspirado en los viajes del autor, Jack Kerouac, quien registró las
vivencias durante sus viajes, unos siete años, vivencias que luego volcó en una novela
escrita en menos de un mes. Neal Cassidy
fue su amigo y está retratado en la figura de
Dean Moriarty, el personaje que acapara toda la atención por su
personalidad única.
La forma de escritura es densa, con
oraciones largas amalgamadas con puntos y comas, o con muchas comas, pero sin
ser sofocante ya que ofrece alternancia con otras oraciones cortas y diálogos
vibrantes; ofrece un avalancha de
sensaciones, de lectura sin respiro, como un aluvión de memoria que desborda al
narrador, un frenesí. El autor utilizó un rollo de 36 metros de papel para
no cortar la escritura página a página, quizás fue lo que brindó a la obra este
carácter de fluidez densa (1). El tono es coloquial como quien cuenta a un
amigo sobre su pasado, mechando algunas reflexiones pero haciendo hincapié en
los sucesos. Está narrado en primera persona y el narrador es testigo de los
hechos, desde su óptica transitan los paisajes y las personas a través de su
camino. No obstante algunos diálogos, para mi gusto, se vuelven muy
artificiosos y poco creíbles como:
—Cuando te dije que tenía que dormir por culpa de Marylou, es decir,
porque tenía que verla esta mañana a las diez, no utilicé un tono perentorio
con relación a lo que acababas de decir tú sobre lo innecesario que era dormir,
sino sólo, sólo, tenlo en cuenta, debido a que de un modo absoluto, simple,
elemental y sin condición alguna, necesito dormir ahora, quiero decir, tío, que
los ojos se me están cerrando, que los tengo rojos, y que me pican, y que estoy
cansado, y que no puedo
Es fundamental contextualizar la obra para comprender el ser de esa
generación beat, el paso previo al hipismo, con su auge en las décadas del
cuarenta y cincuenta en Norteamérica luego de la crisis de la depresión sucedida
en la década del treinta. La vida del
autor y su núcleo de amigos y parejas está marcada por la tragedia, comenzando
por la pérdida de su hermano. No quiero caer en una lectura simplista pero
quizás el intento de enfrentarse a su insatisfacción sexual, al inconformismo, a
la visión de una sociedad armada con el modelo de clase media blanca, le impulsa
constantemente a encontrar otro camino por fuera, como en el budismo, o por
dentro, en los márgenes. Es un camino de búsqueda de destruir lo impuesto por
una autodestrucción. La mujer de unos de sus compañeros de andanzas del autor, Joan Vollmer, muere de un tiro en la
cabeza por participar de un jueguito de Guillermo Tell, una de las tantas
tragedias en la vida de ese grupo.
Video
para meternos en la época, filmado en 1959 en Nueva York con Jack Kerouac y
amigos (Fuente: Youtube)
Comencé a leer esta obra con
mucha expectativa por ser, según leí, uno de los libros icónicos de la
generación beat, por las buenas críticas
como haber sido considerada una de las mejores cien novelas por la revista Time. Sinceramente, estuve tentada de
dejarlo varias veces porque siempre esperaba una mirada de mayor profundidad
sobre "el camino", el viajar en la búsqueda de algo
fundamental y revelador. Por momentos, se me hizo cuesta arriba, sobre todo
cuando describe y vuelve a describir el viaje, de ciudad en ciudad, de manera
que me parecía que estaba leyendo siempre lo mismo; sumo a lo anterior, la
infinidad de personajes que discurren a lo largo de las páginas. Así como
sucede la monotonía del poste de luz repetido detrás de la ventanilla de un
auto en movimiento, así me resultaron ciertas páginas, para mi gusto,
sobrantes. Otras veces, pensé que eran las memorias de quien escribe sus días
de parranda y aventura con sus amigos para no olvidarse, eso sí, cambiando los
nombres para volverse ficción, para transformarse en su un personaje al estilo
de “viva su propia aventura”, una
aventura de hombres adultos en búsqueda de la adolescencia perdida. Si bien el autor deseaba publicarlos con los
nombres reales, la versión que leí no es esa y creo que no es la más conocida.
Quizás sea mi incapacidad, pero entendí
el sentido del libro. No obstante, decidí seguir leyendo ya que, a pesar de
haber avanzado, aún no podía engancharme. Estaba tratando de que la historia me
diera lo que yo deseaba pero, de página en página, me sumergía en las andanzas
de un grupo de hombres que solo quieren: sexo, tila y be bop. Y digo hombres porque es la visión desde una
óptica masculina. Me chocó mucho la imagen de la mujer que va construyendo,
escrito desde la primera persona por el protagonista, Sal Paradise, un escritor que vive con una tía en Nueva York y en
1946 inicia un viaje a Denver para encontrarse con unos amigos, entre ellos
Dean, un personaje que encarna el típico vividor, apasionado y al margen. Es la óptima masculina hacia una
sociedad que aparece siempre por sus esquinas, en sus costados. Mientras leía,
me pregunté qué imagen de la mujer se construyó desde dentro del movimiento beat ya que sus fundadores fueron hombres:
Jack Kerouac, Neal Cassady, William Burroughs, Herbert Huncke, John Clellon
Holmes, y Allen Ginsberg. Quienes se unieron con posterioridad, también han
sido hombres: Carl Solomon y Philip Lamantia, Gregory Corso, Lawrence Ferlinghetti y Peter Orlovsky (2).
La mujer forma
parte de un cuerpo exaltado en sus contornos, cuerpo mercancía para el consumo
de unos hombres insatisfechos que buscan la satisfacción mediata por el
consumo. Me gustaría leer el libro escrito por Carolyn, la mujer de Neil
Cassady (Dean) quien relató su experiencia dentro del grupo beat: Off the road (Fuera del camino). Sería interesante
confrontar las dos miradas desde los roles de género y las diversas expectativas.
Desde ya el título, “Off the road”,
es una contestación a “On theroad”. En la ruta están ellos, y fuera
de la ruta está ella con los hijos, en su hogar. Carolyn falleció hace un poco,
tenía noventa años, así que pudo vislumbrar y pensar su experiencia con la
distancia del tiempo. En varias de las entrevistas que ella ha brindado, ofrece
una mirada muy dura hacia el movimiento beat
y hacia la experiencia de estar “en el camino”. Incluso, menciona que mantuvo
una relación con Jack Kerouac a la par de continuar su vínculo con Neal pero Jack sólo la menciona como un personaje
secundario, alejada de él.
-Todos creen que fueron años maravillosos de alegría, alegría y
alegría, pero no lo fueron en absoluto. Los imitadoresnunca
supieron lo miserables que eran aquellos hombres (3).
-La "generación Beat" fue un disparate,
fue inventado por los medios de comunicación y alentada por Ginsberg (4).
-Nunca hubo nada llamado como “Generación
Beat”. Fue un invento de los medios y de Ginsberg. Había muchos individuos
haciendo cosas por separado y luego, los medios, los agrupó a todos. Kerouac
siempre mantuvo: “No tengo nada que hacer con eso”. Lo cual nunca lo hizo, así
tampoco Neal. (5)
-En “On the road” Jack en realidad no me
menciona. Él dice que me conoció pero solo eso porque no quería ofender a Neal.
Todo el tiempo en Denver, pasamos mucho tiempo juntos y solos.
-Él fue (Neal) tan miserable. Él se
aborrecía (loathed) mucho. (…) Jack, por el otro lado, era paranoico y
extremadamente sensible. Él juró que podía beber hasta morir. Ambos cometieron
un suicidio.
Además de otros estereotipos
femeninos, los que aparecen con mayor gravedad son: mujer “puta” y mujer “madre”. A veces, esta mujer puta se transforma en
mujer madre. El cuerpo de la mujer es para el consumo y se lee cosas como
“conseguir chicas”, a la par que una preocupación tan urgente como “conseguir
cervezas”.
Yo me las entendía con una chica gorda y sin interés que tenía un
perrito y que se enfadó conmigo cuando dije que el perro no me gustaba porque
quería morderme. Acordamos que llevara el perro afuera, pero cuando volvió ya
me había ligado otra chica, era más guapa pero no la que más me gustaba, y se
me pegó como una lapa. Yo trataba de librarme de ella para ligar con una mulata
de dieciséis años
—¡Eh, tío! Te dije en Texas que te conseguiría una chica… pues bien,
desperézate y despierta del todo; hay unas chicas esperando por nosotros.
—¿Cómo? ¿Cómo? —gritó incorporándose de un salto, todo ojeroso—. ¿Dónde?
¿Dónde?
—Ahí la tienes, tío, ésa es la auténtica mujer que necesitamos —dijo
Dean en la calle a la luz del amanecer—. Nunca una palabra más alta que otra,
nunca una queja; su marido puede volver a casa a la hora que quiera y con quien
le dé la gana y hablar en la cocina y beber cerveza y marcharse en cualquier
momento. Eso es un hombre y ése es su castillo —y señaló el edificio de
apartamentos.
Lo que anhelamos durante nuestra vida, lo que nos hace suspirar y
gemir y sufrir todo tipo de dulces náuseas, es el recuerdo de una santidad
perdida que probablemente disfrutamos en el seno materno y sólo puede
reproducirse (aunque nos moleste admitirlo) al morir. Pero ¿quién quiere morir?
Otro elemento recurrente es la música. Los protagonistas disfrutan del
jazz en su vertiente Be bop. Anoté algunos nombres para
luego ir buscando las canciones a la medida que leía: Charlie Parker, Max Roach,
Dizzy Gillespie. Así se sumó a la
visión de la carretera, el sonido de la noche de las ciudades norteamericanas
del cuarenta, junto al mambo jambo y otros mambos.
Para completar esos elementos
persistentes, también marqué párrafos sobre la religiosidad y el consumo de sustancias. Sobre la primera, está
presente la creencia católica, la imagen de los profetas, de la santificación,
del delirio casi místico de Dean. “Estar en el camino” podría ser entendido
como la búsqueda de una espiritualidad, el deseo de transcender la materialidad de la época evidenciada
por el consumo y lo decadencia. En cuanto al consumo de drogas sobre todo se menciona a la tila (marihuana) pero también
podemos relacionarlo con el alcoholismo y el ácido, esas sustancias que
permiten estar en “lo alto”, como dice el propio protagonista. Pero es una cumbre
que siempre es caída.
Nunca fui una admiradora de la cultura beat.
En realidad, siempre me pareció muy superficial en su manera de intentar romper
la alienación y darle patadas al sistema desde unos fuegos de artificios
que no son ni siquiera un poco de luz. Caer en el consumo de drogas para liberarse no es más que beberse el sistema
hasta los codos, ofrecer su cuerpo para la alienación de una sustancia que nos
vuelve peleles y, de paso, cuerpo que termina enriqueciendo el comercio de
sustancias que son mercancías; es un cuerpo que se escapa de un consumo para
ingresar a otro. Igual reflexión me merece el “consumo del sexo”, el cuerpo humano
ofrecido por unos pocos dólares. El tema del consumo y el poder americano está
presente, sobre todo, cuando viajan a México. En este viaje uno logra
adentrarse en el universo de los protagonistas cuando comparan la vida mexicana
y la identificación de los mexicanos por “sus chabolas”, “la miseria” y la
“pobreza”. A los protagonistas les basta ver detrás de una ventanilla de un
automóvil que va a altas velocidades una “casucha”, para saber que ahí viven
mexicanos, incluso cuando habla de una ciudad.
Era la grande y
definitiva ciudad de los salvajes y desinhibidos indios.
…todo México era un
campamento de gitanos.
Los mexicanos son pobres.
¡Auténticas chozas miserables!, tío, de esas que sólo se encuentran
en el Valle de la Muerte,
e incluso mucho peores. Esta gente no se preocupa de las apariencias.
El vestíbulo del hospital estaba lleno de mexicanas pobres, algunas
preñadas…
Y dentro de la obra van
apareciendo estereotipos, incluso el
mismo narrador se encarga de ir dejando en claro que no es lo mismo ser “beat”
que ser “hipster” o que ser
“mexicano” o que ser “mujer” o que ser “okies”
o un “marica”. Toda una multitud de identidades contrastivas que resaltan ante
los ojos del narrador.
En el bar vimos un espectáculo horrible: acababa de entrar un hipster
blanco muy marica llevando una camisa hawaiana y le había preguntado al enorme
baterista si podía sentarse junto a él.
El camino es la vivencia del hoy,
del carpe diem, “aprovecha el día y
no confíes en el mañana”, del disfruta y vive solo para este día; es el signo
de una actualidad aún vigente, el ímpetu de alcanzar la felicidad por la
satisfacción del ahora, del gozo sensual del cuerpo que nunca alcanza a
completarse; un siempre irse a buscar eso que falta, viajar para llegar y para
partir. En cada inicio de un viaje se abre y se cierra un círculo, el de la
insatisfacción del ahora y la satisfacción del segundo después, siempre en
estado de expectación, de posibilidad.
Al leer sentí que era una obra
caduca y traté de meterme en la generación beat,
en qué pensaban, en qué creían. Digo caduco porque lo que fue una revelación y
un “golpe” como hablar de sexo con
menores, consumo de drogas, música que crecía separándose del jazz, un libro muy
consumido, censurado y venerado, hoy se me presenta sin chispa, desinflado,
perdón, es lo que sentí mientras leía. A dios gracias, el machismo ya molesta y
tiene olor a rancio. El mayor impacto radica en que son las memorias camufladas en una novela.
Seguramente, si fuese una novela donde se construye un mundo ficcional anclado
en esa época, no me “pegaría” tanto.
El camino no es "en el
camino" del despojo, es el camino de aferrarse, de atiborrarse el cuerpo
de sexo, de droga, de noche, de revolcarse en los lugares de los excluidos,
marginales; es la intensión de darle un reventón al sistema que no llega ni a
patadita, o quizás eso, patadita individual y egoísta. Es un camino de
desesperación de seres agotados que no encuentran el hilo hacia su propia
trascendencia. Es la performance del
vagabundo como una actuación seudo liberativa, es ponerse en la calle para
ofrecerse a la pobreza siguiendo asociaciones trilladas al estilo: pobres/
simples / terrenos / viviendo el hoy / en contacto con la naturaleza. Quizás "en el camino" es el estado
de la búsqueda de aquello que jamás se encuentra, es la necesidad y urgencia de
irse siendo siempre un deambular de un sitio a otro sin saber dónde aferrarse,
un irse para extrañar el volver, para que el vivir en ese sitio de origen sea
soportable.
Hay algunos sentimientos o emociones que reaparecen: la exaltación y la tristeza. Los protagonistas van de un polo a otro pasando de la
exaltación al escuchar el jazz y al ver una selva, a una tristeza abrupta, la
tristeza del desencanto y de la miseria.
Quedamos tumbados de espaldas mirando al techo y preguntándonos qué
se habría propuesto Dios al hacer un mundo tan triste.
Al anochecer paseaba. Me sentía como una mota de polvo sobre la
superficie triste de la roja tierra.
No obstante, siempre se lee ese
deseo de volver a los orígenes del salvaje, del buen salvaje al estilo de Rousseau,
un estado de naturaleza, la pureza del campo, la incontaminación de lo agreste.
Pero por otro lado, reaparece la visión de civilización y el deseo de llevarles
a esos “indios” los adelantos y las “mejoras”, por ejemplo, regalándole relojes
americanos. Ese es un “indio inmortal”, siguiendo la lectura, que aún pervive en el de nuestro día, una
mirada que desdobla a la humanidad de manera que por un lado encontramos a los
siempre idénticos en una especie de estasis que guarda el germen de la simpleza
primigenia y, por otro lado, el contemporáneo de ciudad, “civilizado”, que
avanza mediante el progreso y el adelanto tecnológico, que cambia, evoluciona.
Pisar un pasto y vivir en una choza es un rito de limpieza, léase una moda de
la miseria. La imagen del protagonista
disfrutando de la tarea de cosechar a
mano el algodón casi en estado místico puede ilustrar esta idea. Por
supuesto, una vez completado el rito,
que no llega al año, se vuelve a la misma cotidianeidad. Otra sería la idea si
hay que cosechar algodón toda la vida: ni blancura del algodón, ni simpleza de
una tarea que no requiere más que la pinzas de los dedos.
Podía pasarme toda la noche allí con la cara expuesta a los cielos, y
los cielos no me harían más daño que un manto de terciopelo que me envolviera.
Los insectos muertos se mezclaban con mi sangre; los mosquitos vivos
intercambiaban otras porciones de mi cuerpo; empezó a picarme todo y a oler yo
mismo a la rancia, caliente y podrida selva; el pelo, la cara y los pies olían
a selva.
En el campo, un viejo trabajaba con un burro. El sol se levantaba
puro sobre las puras y antiguas actividades humanas.
…indios solemnes y graves, eran el origen de la humanidad, sus
padres. Las olas son chinas, pero la tierra es asunto indio.
La naturaleza se contagia de
pobreza, de pereza, de inercia. El auto que transita entre montañas y campos,
de ciudad en ciudad, es el símbolo que reúne a esos viajantes. El automóvil (coche) termina siendo el
icono de la vida americana, de su sentimiento de progreso de la mano de la
tecnología, sobre todo cuando ese auto es uno de los más poderosos medidos por
la velocidad máxima que es capaz de alcanzar. Recuerdo una escena donde ellos
se maravillan de poder manejar uno de los autos más veloces del mercado. Y a
través de los vidrios del auto, la visión americana del afuera, la suya y la de
Latinoamérica.
..era como conducir a través del mundo por lugares donde por fin
aprenderíamos a conocernos entre los indios del mundo, esa raza esencial básica
de la humanidad primitiva y doliente que se extiende a lo largo del vientre ecuatorial
del planeta.
Todas estas paradojas me llevaron a construirme la visión de unos personajes
insatisfechos y confusos, que no saben lo que quieren, que lo que desean es
algo, digo algo abstracto, pero sin saber qué. Eso los impulsa al camino, a moverse
hacia un punto muerto. Entre estas contradicciones puedo mencionar: mujer puta
/ mujer de su vida, salvaje puro / salvaje miserable, pobreza triste / pobreza
pura, civilización corrupta / civilización salvadora.
¿Por qué no hablar también del miedo?
Miedo a la rutina, miedo a la vida mediocre de un padre de familia trabajador,
de quien encarna los ideales y valores del “sueño americano”, miedo a la
imposibilidad de vivir a pleno el día a día, miedo a no poder escapar, miedo al
anclaje.
Así como lo efímero de un paisaje
que pasa flotante a través de un vidrio de un auto en movimiento, las
relaciones amorosas reflejan este desarraigo y esta imposibilidad de anclarse.
Todo fluye pero solo pervive la urgencia del movimiento, movimiento hacia otro sitio,
la urgencia de un miedo que no tiene nombre.
PERSONAJES: QUIEN ES QUIEN
No obstante la obra está basada en la vida del grupo de
amigos y conocidos del autor, traté de no estar buscando similitudes totales
con la realidad, como en búsqueda de datos biográficos. En las primeras
ediciones se censuraron ciertas partes y además se optó por el cambio de
nombres, cuestiones que, con posterioridad, fueron anuladas. La versión que yo
leí no tiene los nombres originales y tampoco leí reseñas o críticas que
mencionaran la versión sin censuras.
Dejo algunos
de los nombres reales que sirvieron de inspiración de sus personajes.
Camille =
Carolynn Cassady
Marylou =
Luanne Hendersonn
Salvatore
Paradise = Jack Kerouac
Dean Moriarty=
Neil Cassady
Carlo
Marx = Allen Ginsberg
De todos los personajes el que más me impactó por su
desarrollo y avance, así por su complejidad, es el de Dean. Es tal el
magnetismo de este personaje que el
protagonista, Sal, queda en un segundo plano y es arrastrado por Dean,
apenas un intento de imitación que demuestra la admiración que un seguidor
profesa hacia su líder.
Dean
demuestra una gran inteligencia y carisma, con un empuje para emprender
cualquier cosa, incluso, escritor o ladrón de autos. Toma lo que le ofrece la
vida, viaja a alta velocidad desde el interior hacia el camino, es un aluvión
de energía dispuesto a romper cualquier norma. Es el líder de ese grupo que se
torna manada, quien determina las formas de relación, los objetivos y las
salidas. Incluso, por momentos, toma el cariz de un profeta oscilatorio,
inestable, siempre la borde de la explosión mística que lo vuele, que lo
libere.
Un pariente occidental del sol, ése era Dean.
Dean se reía. Durante años había sido el gran profeta del grupo y
ahora todos habían aprendido su técnica.
ADAPTACIONES
Fue llevado al cine y dirigida por Walter Salles, estrenándose en el año 2012. Ciertas escenas fueron
firmadas en la
Patagonia Argentina. No sé si es por cuestión de costos pero
me hubiera gustado que se respetasen los caminos y rutas que se mencionan en el
libro.
Como
anécdota, Jack Kerouac envió una carta a Marlon Brando para que interpretar el
rol de Dean. Me encanta Marlon Brando
y me imagino que hubiera estado fenomenal en la película. Fue un deseo
frustrado. Recién en 1979 los derechos fueron comprados por Francis Ford Coppola (6).
Trailer
FRASES SUBRAYADAS
¡Hay tantas cosas
que hacer, tantas cosas que escribir! Cuánto se necesita, incluso para empezar
a dar cuenta de todo sin los frenos distorsionadores y los cuelgues como esas
inhibiciones literarias y los miedos gramaticales…
Me desperté cuando
el sol se ponía rojo; y aquél fue un momento inequívoco de mi vida, el más
extraño momento de todos, en el que no sabía ni quién era yo mismo: estaba
lejos de casa, obsesionado, cansado por el viaje, en la habitación de un hotel
barato que nunca había visto antes, oyendo los siseos del vapor afuera, y el
crujir de la vieja madera del hotel, y pisadas en el piso de arriba, y todos
los ruidos tristes posibles, y miraba hacia el techo lleno de grietas y
auténticamente no supe quién era yo durante unos quince extraños segundos. No
estaba asustado; simplemente era otra persona, un extraño, y mi vida entera era
una vida fantasmal, la vida de un fantasma.
Estábamos en el
techo de América y lo único que hacíamos era gritar; supongo que no sabíamos
hacer otra cosa…
Missouri por la
noche, y los campos de Kansas, las vacas nocturnas de Kansas en los secretos
desiertos, pueblos de cartón con un mar al final de cada calle…
Todo el interior de
unas vidas interminables y sin final que es vacío. Lastimosas formas de
ignorancia.
Estaba solo en la
puerta de la calle, contemplando lo que pasaba por allí. Amargura, consejos,
moralidad, tristeza… todo eso quedaba a sus espaldas, y ante él se abría la
desnuda y estática alegría de la pura existencia.
Lo mismo que la
lluvia que relaciona todas las cosas del mundo entero…
¿Qué se siente
cuando uno se aleja de la gente y ésta retrocede en el llano hasta que se
convierte en motitas que se desvanecen? Es que el mundo que nos rodea es
demasiado grande, y es el adiós.
No puedo ofrecer
más que mi propia confusión.
En la cárcel uno se
promete el derecho a vivir.
—Problemas, ya ves,
son la palabra que generaliza los motivos por los que Dios existe.
CONCLUSIÓN
A pesar de las críticas de más arriba, de lo denso que me
fue leer sobre viajes que se repetían hasta perder mi interés, fue una lectura
positiva ya que me permitió adentrarme en una época y en un estilo de vida. El beat fue apenas un golpe contra la
omnipresencia de una sociedad que continúa con sus propios ritmos.
Yo creo que no hay liberación individual
posible y me permito el pesimismo. No se puede cambiar la cultura como
cambiarse un anteojo. La cultura nos ha formado como sujetos, nos ha
construido, forma parte de nuestro esqueleto, de nuestro ojo y nuestras
células. Ni somos más orientales por citar a Confucio, ni más liberados
sexualmente por tener sexo con quien tenemos ganas. Hay que estirar más atrás e
ir hacia el nudo dónde se forjó nuestro concepto de felicidad. Es una felicidad anclada en la satisfacción de las necesidades, un hedonismo de lo más radical (7). Y no hay nada más terrible que
tratar de alcanzar ese estado de felicidad por las necesidades ya que estas no
se satisfacen jamás. Siento sed, sed, sed. Luego siento deseos sexuales, más
deseos sexuales, más deseos sexuales. En este mecanismo entre la necesidad y la
satisfacción median las mercancías. Siento sed: compro agua mineral o gaseosa,
pago por el agua de mi canilla; siento deseos sexuales: pago a una prostituta,
compro una revista porno, compro un consolador, transformo al otro en objeto de
placer y lo uso y lo tiro, a la par que nos decimos somos "liberados
sexual". Yo me reclamo como sujeto de derecho transformando al otro en
objeto, valga la paradoja. Y están las nuevas necesidades que se nos inyectan a
la par que se ofrecen nuevas mercancías para satisfacerlas. ¿Qué liberación hay
en esto? Yo leo el autoengaño de creerse liberado siendo uno de los hijos más
feroces del sistema, el cuerpo donde este sistema caló hondo al extremo de una
hipertrofia que se niega a sí misma y se sostiene por su contraparte. ¿No
estamos confundiendo una moda pasajera de clase media y alta con un movimiento
de cambio social y cultural profundo?
Ninguna liberación sucede en una
vida. Se necesitan muchas generaciones para poder realizar un cambio, que es un
proceso de extrema lucidez. Quizás es necesario avanzar hasta acá, romper,
seudoliberarnos para luego llegar más allá, en un proceso de ruptura que
siempre es desgarrador y violento. Nos hemos construido como sujetos e
individuos arrastrados por una necesidad y por el deseo del éxito medido por
las posesiones materiales. Nos resulta difícil pensarnos en una sociedad con
pasado y con futuro. Pero siempre es un pacto social ya que mi ser no puede ser
separado del ser venidero, lo iniciado en esta generación será continuado
muchas generaciones más adelante. Y esto, entonces, es un acto de fe.