domingo, abril 10, 2016

Kryptonita de Leonardo Oyola (mi lectura)


Kryptonita
Leonardo Oyola
2011
Mondadori
Isbn 9876580892 
224 páginas

29 de junio de 2009. Lunes por la madrugada. En la guardia del Hospital Paroissiens de Isidro Casanova ingresa herido de muerte Nafta Súper, líder de una banda criminal de la zona. Sus compañeros les exigen a los médicos que le salven la vida, mientras se atrincheran esperando la llegada de la policía. En medio de las negociaciones y antes del inminente tiroteo, el doctor que atiende a Nafta Súper descubre que no se trata de un hombre común.Leonardo Oyola, con su narrativa enmarcada en la cultura popular, ha creado una biografía apócrifa con alma de western y comic para develar un misterio de otro mundo.





Obitó.
Parece japonés.
Obitó.
Hasta suena gracioso. Y es todo lo contrario.
Obitó.
Cinco letras. Una palabra. Una acción terminal para pronunciar la peor noticia que puedan llegar a recibir.
Obitó.
Verbo en pasado perfecto. Excelente definición de lo que fue una vida. Algo pasado. Algo único. No importa si fue una vida buena o mala. Fue algo único porque existió. Y ahora ya no más porque…
Obitó.
Cuando pronunciamos la palabra obitó lo que les intentamos decir es que su ser querido, esa persona por la que ustedes lamentablemente nos conocieron bajo esta circunstancia particular, falleció.
Está muerta.






Lo doy todo lo que tengo y  todo lo que soy a lo que escribo.
Le dejo todo. Me pongo en bolas.
Por eso mis libros han sido muy generosos conmigo.
(Leonardo Oyola)


Uno de mis retos de lectura para este año es leermás autores argentinos. Con este objetivo, confeccioné una lista con varios títulos, entre ellos, esta novela.
         La novela me ha encantado. Me enteré, buscando información, que hay varias propuesta de situar personajes de comics en otros contextos; por ejemplo,  las publicadas por DC comics,  Elsewords y Mavel, What if? Estos lugares pueden ser imaginarios o reales lo cual permite que los personajes posean otras características según los contextos histórico-sociales. En el caso de esta historia,  los superhéroes nacieron en el Conurbano de Buenos Aires, en la zona pobre y marginal de la gran urbe.

…pensé qué hubiera pasado si el bebé que estaba destinado a ser Superman en lugar de caer en una granja de los Estados Unidos aterrizaba en un terreno baldío en La Matanza y se criaba en el Isidro Casanova que me tocó patear. Empecé a cranear cómo lo iba a hacer y finalmente pude dar con lo que en verdad quería contar. Por suerte tuvo muy buen recibimiento. Inesperadamente me llevó a muchos lados más allá de ferias del libro. Se terminó dando en secundarios, universidades y en cárceles. Hasta la terminé acompañando a convenciones de historietas… (Leonardo Oyola)

Si bien tienen otros nombres, podemos reconocer de quién se habla por sus superpoderes y así van apareciendo Superman, La Mujer Maravilla, Linterna Verde, entre otros; todos éstos unidos en una banda bajo el liderazgo de uno de ellos y compartiendo infancias y barrios. Pero es de esperar otros nombres a los norteamericanos, así es que los protagonistas se llaman muy a lo argentino y hasta algunos me han causado gracia como “Las Rikitas de Casanova”. Incluso, me parecía estar leyendo esos carteles que uno puede leer en los barrios sobre las bandas de cumbia que tocan en la zona como, justo ayer leí uno lástima que no le pude tomar una foto porque iba en el colectivo: “Me dicen fideo”. También me acuerdo de “Los Totora”, “Yerba brava” y hasta de haber leído por ahí a “Las conchudas”.


La señorita que le agradeció en nombre de todos es Lady Di. La otra chiquita, nuestra Pepita La Pistolera, es la Cuñataí Güirá. El amigo que está al fondo, al costado del fiambre ese, es Juan… Juan Raro. El negro fulero este es el Faisán. El Miguel es el perrito hincha pelotas… ¿A ver? ¿Falta alguno? Solo el Federico, que todavía no vino. Pero, conociéndolo, debe de estar por caer. Y por último, pero no por eso menos importante, quién le habla, Tordo: para servirle, el Ráfaga.
—Somos la banda de Nafta Súper —agregó, sabiendo que no hacía falta que lo dijera.


         


La portada de la novela ya nos muestra un Superman con un mate bien argento. Le lectura arranca con la vida de un médico de guardia quien sólo se dedica a eso, y son conocidos como “nocheros”. Trabaja en un hospital público llamado Paroissien. El inicio de la novela, cuando él reflexiona sobre la forma en que los médicos anuncian a los familiares que han muerto, me pareció genial. Luego de mostrarnos aspectos del trabajo de ese nochero, quien apela a las pastillas para sobrellevar su trabajo, nos presenta el conflicto: durante una de sus guardias recibe un herido de bala. Luego, llegarán los conocidos del enfermo y terminará en medio de un conflicto, tomado de rehén. A medida que leemos, nos enteramos de los personajes, de su vida y vamos comprendiendo el drama de unos personajes tan humanos como nosotros, con miedos y recuerdos.


         El autor apostó a reproducir el habla del Conurbano de Buenos Aires. Para quienes no sean argentinos, quizás le sea complicado entender ciertas palabras pero les permitirá conocer otras formas de ver al mundo. Aunque no deja de reproducir cierto prejuicio de zona marginal es igual a delito y a violencia.  

Pararse de manos no es solo llenarle la cara de dedos al que tenés enfrente. Pararse de manos es ir y hacerlo concha. Se sabe que cualquiera va al frente con un cuchillo de cocina. Y con un fierro ni hablar. Si lo mostrás, usalo. Porque si pelaste para hacer rostro lo que hayas sacado te lo van a terminar metiendo en el orto. El que se plantó adelante tuyo nunca tiene que saber si lo que le entró fue una faca o un tramontina. Si la bala que enfrió era de un 38, de una nueve mili o de una metra.
        
 —Por una cuatro por cuatro o por unas zapatillas Nike: se mata por tan poco a veces


Los jodidos son los que toman decisiones. Los que manejan más armas que una nueve milímetros. Porque hoy el arma más peligrosa que existe sobre la tierra es cualquier pendejo.




Existe un halo de nostalgia ya que estos personajes están pasando los cuarenta, o al menos eso me pareció por lo que recuerdan como mejores tiempos. Cuando leí lo de la remera “sun surf” me maté de risa ya que era, cuando yo era adolescente, la remera que los varones tenían que tener para ir a bailar y estar en onda, salían muy caras y algunos se arriesgaban a comprar imitaciones con tal de no quedarse fuera. 

     En el verano del 85, doctor; Mick Jagger era Dios.

…y si no había un austral y tocaba quedarse en la villa, santificar las fiestas era poner en el tocadisco el long play de Ella es el jefe y gastar suela y taco levantando polvo del contrapiso con Jagger cantando Solo una noche más o Afortunado en el amor.

en esa remera Sun Surf celeste de mangas tres cuartos

Música Total en Canal 2




Muchos pasajes parecían de un comic y hasta me imaginaba hasta las caricaturas y las acciones. Las escenas dinámicas de luchas están narradas de manera que hasta podía verlas como escenas de una película.
         Como tantas obras, la novela ha sido llevada al cine. No he tenido la oportunidad de ver la película pero me encantaría además por los actores y para ver cómo se muestra esa atmósfera entre real y surrealista. 

         Les dejo una lista de canciones que hay que escuchar mientras se lee Kryptonita:




Me resultó una novela original y entretenida que no se queda en la cuestión de los superhéroes sino que avanza en temas como la vida de los llamados “pibes chorros” y de cómo son atendidos, o desatendidos, en los hospitales públicos; la vida de los médicos de guardia siendo explotados en un trabajo sin descanso, la atención en los hospitales públicos con sus servicios para los pobres, la vida en las zonas marginales, el rol de la policía, el valor de la amistad y las lealtades, la familia.




Web consultadas: losinrock









miércoles, marzo 30, 2016

Selva Almada (Escribir)



Me gusta, luego de leer una novela, indagar sobre el autor, su método de escritura, cómo ha llegado al oficio. Comparto una serie de extractos de entrevistas sobre Selva Almada. Hace poco subí mi lectura de la novela “El viento que arrasa”.  Además rescaté frases sobre le oficio de escribir que me parecieron interesantes.
         Me llamó la atención que ha escrito sin un plan previo tan solo dejándose llevar. Yo lo he intentando y fracasé quedando atrapada en una especie de enredo que no podía acomodar, con personajes que se desarmaban, con situaciones que eran como callejones sin salida y me llevaba tanto tiempo en reescribir eso que terminaba en el cesto de reciclaje. Pero, cada uno deja fluir la creatividad a su gusto y forma. He leído que Stephen King también escribió sin planificación previa.


        
Cuando estoy escribiendo algo más largo, como un cuento o una novela trato de ser metódica. Igualmente, me cuesta cumplir con una rutina de horarios. Lo que trato, cuando comienzo con un proyecto, es que no pasen muchos días sin escribir para no perder el ritmo y la conexión.

 Muy pocos escritores viven de la venta de sus libros, porque el volumen de ventas no alcanza. Sólo el 10% del precio de tapa le corresponde al autor. Los escritores generalmente viven de otros trabajas que se arman en forma satelital que se generan a partir de la aparición del libro, como talleres, conferencias o publicaciones en diarios. Son muy pocos los que pueden llegar a vivir de eso. Es otra cosa si se traducen o si se llevan al cine.


Ya me han dicho que mi escritura no es típicamente femenina, dice la autora. Y añade: "Igual, las escritoras que me gustan no trabajan con ese tono. No me interesan las historias domésticas con dramas o románticas. Me gustan las historias que avanzan. Y me da más curiosidad el mundo de los hombres que el de las mujeres. Eso se nota en la novela, donde las madres están ausentes. Lo que no quiere decir que en mis cuentos no aparezcan mujeres, pero no son mujeres comunes nunca, son quizás más masculinas. Por ahí es la mirada que yo tengo sobre las cosas, sobre el mundo.



En la literatura argentina siempre esta cuestión de la oralidad está emparentada con la gauchesca o a un costumbrismo que no me gusta para nada. Flannery y Carson McCullers eran lecturas recientes cuando escribí El viento que arrasa, y por eso la novela está impregnada por esa literatura. Y fue esa oralidad lo que traté de reproducir en Ladrilleros. Me interesaba poder usar y transformar la realidad en una poética, no transcribir la oralidad. En Ladrilleros creé un híbrido de palabras que sí son del Chaco con otras que me resuenan de mi infancia en Entre Ríos y con palabras del conurbano bonaerense. Quería incorporar ese lenguaje, pero a la vez transformarlo. Cada vez que me dicen: "Tu literatura es hiperrealista", no estoy de acuerdo. Tiene mucha conexión con la realidad, pero es un universo transformado, no es un documental. Yo no hago documentalismo literario.

 En un universo que conozco, prefiero trabajar sobre ese recuerdo y después inventar más que ir a ver hoy cómo es.


Creo que no se puede enseñar a escribir. Hay que tener un poco de talento, no es sólo técnica y disciplina. Los talleres no te enseñan a escribir, te ayudan a ver los conflictos y aciertos de un texto. Un coordinador no deja de ser un lector atento. Escuchar, marcar, ver por dónde puede ir el texto y dónde hay una cantera para escarbar y seguir sacando. Las técnicas existen, pero soy experiencia viva. Laiseca siempre me ha criticado que empiezo a escribir sin saber a dónde ir. No sé si mi narrativa tiene cosas de Laiseca, sí sé lo que le debo como escritora. Con él aprendí que hay que ser muy serio en el trabajo y que hay que tener una entrega muy especial.


Cuando nos sentamos a escribir, estamos acostumbrados a narrar lo visual y nos olvidamos de los otros sentidos, que me parece que en un relato cuentan muchísimo, sobre todo en los que suelo escribir, que no son relatos donde pasa demasiado, donde todo está más en la observación y en la detención en ese momento singular en la vida de los personajes.



En general soy bastante improvisada, muy sobre la marcha. Excepto Ladrilleros, que sí sabía que iba a ser una novela y Chicas muertas, que sabía que era una crónica, después las cosas que empiezo, las empiezo y después veo para dónde van. También me ha pasado que muchos relatos quedan por la mitad, perdidos en algún archivo de Word. Ese es el riesgo de empezar sin saber hacia dónde uno va. A veces aparecen cosas buenísimas y a veces no aparece nada y ese comienzo que te parecía tan maravilloso se queda en dos o tres páginas que no van a ninguna parte.


Pero lo cierto es que yo escribí relatos la mayor parte de mi vida, la novela llegó mucho después. Diría que después de más de diez años de escribir relatos. Los primeros libros que publiqué Niños y Una chica de provincia son libros de relatos, que ahora se reeditan en este volumen que reúne además cuentos que salieron sueltos en antologías o revistas. En cierto modo, llegué por accidente a la novela. El viento que arrastra es un proyecto de cuento que no resultó, es un cuento frustrado.


Yo no encuentro una diferencia sustancial entre el cuento, la novela y la crónica. Por supuesto, cada uno tiene sus dos o tres reglas propias, pero después es narrativa y a mí lo que más me gusta es escribir narrativa. Podría señalarte diferencias entre escribir poesía o guión, que ahora estoy experimentando por primera vez, pero la narrativa para mí es un estado natural y no digo natural en mí, si no en todas las personas: todos nos la pasamos narrando todo el tiempo, cualquier anécdota, cualquier chisme, por mínimo que sea, es un relato.


A veces escucho alguna anécdota que al tiempo puede dispararme una historia, pero esa siempre será una ficción. Otras veces los relatos aparecen porque aparece un clima que me resulta atractivo, una pequeña situación o escena. Después, la cosa es ir tirando del hilo y ver qué aparece.





martes, marzo 29, 2016

Camp Nanowrimo (Escribir)



Este viernes arranca otro evento del Nanowrimo llamado Camp Nanowrimo. No iba a participar pero al final me animé con un proyecto medio libre de escritura algo automática sobre el tema de la guerra. Ya tenía algunas cosas escritas pero comenzaré de cero. Aún estoy terminando la novela del año pasado que lleva unas 200.000 palabras y me está llevando mucho el final así que cambié y ahora escribiré prosa poética.
         Gracias al Nanowrimo he descubierto que puedo terminar algo que escribo y que si me pongo unas dos horas por día se puede avanzar bastante. No pierdo oportunidad de participar.
         Desde el grupo de Argentina se ha creado una cabina pero aún están a tiempo de inscribirse y sumarse con algún proyecto o para escribir aquella historia que les da vuelta.
         Espero que se animen. Lo pasaremos genial.




miércoles, marzo 23, 2016

El viento que arrasa - Selva Almada (Mi lectura)


El viento que arrasa
El viento que arrasa
Selva Almada
2012
Mardulce Editora
168 páginas
  ¿Qué es una escritora madura? ¿Qué es una escritura consumada? Estas preguntas adquieren un nuevo sentido cuando hablamos de una primera novela: el sentido de la originalidad, de lo inesperado, de lo asombroso. El viento que arrasa convierte esas palabras en elogios, en una descripción ajustada de lo que su prosa expresa. Una escritura firme, segura, potente y, quizá por eso, profundamente poética. Un reverendo y su hija de viaje por el Chaco, en un clima de conflictos y tormentas, diálogos filosos y locura solapada. Casi cinematográfica, El viento que arrasa es una novela en la que los personajes son nítidos, corpóreos, se escuchan sus voces, sus modos. Y los del paisaje: el monte, el sol, los árboles achaparrados, los autos rotos, las camisas transpiradas y las vidas destruidas.





Comencé a leer esta novela como parte de mi reto personal de leer autores argentinos. Había leído sobre la autora y sobre el impacto de esta novela que me  quedó pendiente de comentar en el blog.

Concordia Entre Ríos

En su momento, me decidí por esta obra luego de leer la sinopsis y porque me interesó la temática.


Como dato interesante: esta novela fue elegida Libro del año 2012 por la revista Ñ



Como su sinopsis lo indica, la novela trata del viaje de un reverendo, Pearson, y su hija, Leni, quienes se quedan varados en la ruta por un desperfecto en su vehículo. Deberán esperar para continuar su viaje al Chaco. Desde ese lugar en medio de ruta, mediante la incorporación del mecánico, el gringo Bauer, y su ayudante, Tapioca, iremos conociendo más el pasado de cada uno de los cuatro protagonistas en un paraje desolador y abandonado.

Ruta 18, Entre Rios
Ruta 18, Entre Ríos imagen editada por mí y tomada de StreetView



Ruta 18, Entre Rios
Ruta 18, Entre Ríos imagen editada por mí y tomada de StreetView


         El viaje del Reverendo con su hija se me hacía similar a los viajes misionales en búsqueda de fieles para sumar a la iglesia. Me suenan mucho a esos vendedores ambulantes de antaño tratando de venderte el elixir de la vida. El reverendo es el prototipo del pastor en búsqueda de fieles tratando de ganar almas para el cielo que no es más que ganar prestigio y conquistar, un ardid de seducción.


Luego de varias semanas de recorrer la provincia de Entre Ríos —fueron bajando desde el norte por el margen del río Uruguay hasta Concordia y allí agarraron la ruta 18, atravesando la provincia justo por el medio hasta Paraná—, el Reverendo decidió seguir viaje hasta Chaco.


         La terminé de leer muy rápido porque es entretenida y amena pero me quedé con ganas de conocer un poco más de ciertos detalles de la historia del pastor como qué lo llevó a vagar solo con su hija dejando al resto de la familia. Por momentos me pareció justa en su desarrollo y en otros me hubiera gustado seguir leyendo un poco más. Además, cae en ciertas construcciones hechas que me frenaron un poco la lectura.


Ruta 18, Entre Rios imagen editada por mí y tomada de StreetView
Ruta 18, Entre Ríos imagen editada por mí y tomada de StreetView

         

La descripción del contexto me permitió sentir hasta la lluvia, el agobio de un ambiente desértico, poblado de matas de pastos duros y resistentes. Poco a poco, la asfixia de esos personajes encerrados en su monotonía y en un abandono, acompañó el estancamiento en ese paraje tan hostil y solitario. Además, recordé de mis escasos viajes esas rutas interminables en ese paisaje tan igual, interrumpido por unas vacas, unos árboles y unos postes, la llanura que me sumergía en el sueño. Sobre todo recuerdo el tránsito por Santiago del Estero donde veíamos pasar, desde el fresco del aire acondicionado del colectivo, unos campos calcinados y el cemento de la ruta que se desdibujaba por efecto del calor.


El Reverendo detuvo su caminata y se pasó el pañuelo por el cuello y el pecho. El viento no aliviaba; soplaba caliente como el aliento del diablo. Se sentó en el terraplén que formaba la banquina. Los pastos resecos penetraron la tela del pantalón hincándole la carne blanda.


Seguiré leyendo a la autora y creo que optaré por Ladrilleros. ¿Conocían a Selva Almada?




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