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martes, marzo 15, 2016

Los siete locos de Roberto Arlt (Frases Subrayadas)


Obra: Los siete locos de Roberto Arlt

Roberto Arlt







Existía otro sentimiento y ése era el silencio circular entrado como un cilindro de acero en la masa de su cráneo, de tal modo que lo dejaba sordo para todo aquello que no se relacionara con su desdicha.

—¿Qué es lo que hago con mi vida?

—¿Pero qué alma, qué alma es la que tengo yo?


El terror que experimenta el hombre que en una pesadilla cae al abismo en que no morirá.


El terror luminoso que es como el estallido de un gran día de sol en la convexidad de una salitrera.
  


—…creer en la bondad de la gente, cuando todo el mundo lo que tira es a hundirlo a uno y hacerle fama de loco…



…con el odio que se le toma a las personas a quienes se han hecho demasiadas confidencias.

Vagabundeó toda la tarde. Tenía necesidad de estar solo, de olvidarse de las voces humanas y de sentirse tan desligado de lo que lo rodeaba como un forastero en una ciudad en cuya estación perdió el tren.

¿Qué había hecho de su vida? ¿Era ésa o no hora de preguntárselo? ¿Y cómo podía caminar si su cuerpo pesaba setenta kilos? ¿O era un fantasma, un fantasma que recordaba sucesos de la tierra? ¡Cuántas cosas se movían en su corazón! ¿Y el otro que se había casado con una prostituta? ¿Y Barsut con su preocupación del pez tuerto y la primogénita de la espiritista? ¿Y Elsa que no entregándosele lo arrojaba a la calle? ¿Estaba loco o no?

Indudablemente, en la vida, los rostros significan poca cosa.

Hace falta oro para atrapar la conciencia de los hombres. Así como hubo el misticismo religioso y el caballeresco, hay que crear misticismo industrial.

¿Usted cree que las futuras dictaduras serán militares? No, señor. El militar no vale nada junto al industrial.

…la mujer, sea o no honrada, es un animal que tiende al sacrificio. Ha sido construida así.

Y pobrecitas, son tan locas, que uno no sabe si compadecerlas o romperles la cabeza de un palo.

Roberto Arlt


—Sí, puede ser que tenga talento, pero me falta vida… entusiasmo… algo que sea como un sueño extraordinario… una mentira grande que empuje la realización…



—Alma, mi pobre alma… qué vida la nuestra… qué vida…

No encontraba en su alma una sola hendidura por donde escapar.

¿En qué parte de la tierra podía encontrarse un hombre que tuviera la piel erizada de más pliegues de amargura?


Sí, todo su cuerpo sólo vivía, estaba en contacto con la tierra, por un centímetro cuadrado de sensibilidad.

Se ha inventado casi todo pero no ha inventado el hombre una máxima de gobierno que supere a los principios de un Cristo, un Buda.

Roberto Arlt


La eficacia del bastón en la espalda de los pueblos. La cuestión es apoderarse del alma de una generación… El resto se hace solo.

Sé que existo así, como negación. Y cuando me digo todas estas cosas no estoy triste, sino que el alma se me queda en silencio, la cabeza en vacío.

Yo soy la nada para todos. Y sin embargo, si mañana tiró una bomba, o asesino a Barsut, me convierto en el todo, en el hombre que existe, el hombre para quien infinitas generaciones de jurisconsultos prepararon castigos, cárceles y teorías. Yo, que soy la nada, de pronto pondré en movimiento ese terrible mecanismo de polizontes, secretarios, periodistas, abogados, fiscales, guardacárceles, coches celulares, y nadie verá en mí un desdichado sino el hombre antisocial, el enemigo que hay que separar de la sociedad. ¡Eso sí que es curioso! Y sin embargo, sólo el crimen puede afirmar mi existencia, como sólo el mal afirma la presencia del hombre sobre la tierra.

Sin embargo, a pesar de todo existen las tinieblas y el alma del hombre es triste. Infinitamente triste. Mas la vida no puede ser así. Un sentimiento interno me dice que la vida no debe ser así. Si yo descubriera la particularidad de por qué la vida no puede ser así, me pincharía, y como un globo me desinflaría de todo este viento de mentira y quedaría de mi apariencia actual un hombre flamante.

El hombre es una bestia triste a quien sólo los prodigios conseguirán emocionar.

Yo creo que se ha dado en llamar remordimiento el temor al castigo.

—A pesar de todo es necesario injertar una alegría en la vida. No se puede vivir así. No hay derecho. Por encima de toda nuestra miseria es necesario que flote una alegría, qué sé yo, algo más hermoso que el feo rostro humano, que la horrible verdad humana.

Los dioses existen. Viven escondidos bajo la envoltura de ciertos hombres que se acuerdan de la vida en el planeta cuando aún la tierra era niña.


La vida humana vale menos que la de un perro.

Y lo que me alienta es saber que la civilización y la miseria del siglo han desequilibrado a muchos hombres. Estos locoides que no encuentran rumbos en la sociedad son fuerzas perdidas.


Quiero ser manager de locos.

Aquel que encuentre la mentira que necesita la multitud será el Rey del Mundo.

Para gobernar un pueblo no se necesitan más aptitudes que las de un capataz de estancia.

Ustedes saben mejor que yo que para ser diputado hay que haber tenido una carrera de mentiras, comenzado como vago de comité, transando y haciendo vida común con perdularios de todas las calañas, en fin, una vida al margen del código y de la verdad.

No hay hombre que no admita las pequeñas y estúpidas mentiras que rigen el funcionamiento de nuestra sociedad.
 Conozco todos los caminos y todas las soledades.

Las ciudades son los cánceres del mundo. Aniquilan al hombre, lo moldean cobarde, astuto, envidioso, y es la envidia la que afirma sus derechos sociales, la envidia y la cobardía.

Lo que hay es que en la ciudad no se puede ser valiente. Usted sabe que si le estropea la cara a un desgraciado los trámites policiales lo van a molestar tanto, que usted prefiere tolerar a hacerse justicia por su mano. Esa es la realidad. Y uno se acostumbra a ser un resignado, a refrenar los impulsos…

Tenía ahora la sensación de que su alma se había apartado para siempre de todo afecto terrestre. Y su angustia era la de un hombre que lleva en su conciencia un siniestro jaulón, donde entre huesos de pecados, bostezan teñidos de sangre, elásticos tigres, afirmando el ojo en una proyección de salto.

—A veces me parece un mal sueño esta vida.

Diez hombres pueden atemorizar a una población de diez mil personas. Basta que tengan una ametralladora.

El hombre para ser feliz necesita apoyar sus esperanzas en una mentira metafísica.

—¿Sabe? Muchos llevamos un superhombre adentro. El superhombre es la voluntad en su máximo rendimiento, sobreponiéndose a todas las normas morales y ejecutando los actos más terribles, como un género de alegría ingenua… algo así como el inocente juego de la crueldad.

Lo que hay es que el hombre no ha reparado que está enfermo de cobardía y de cristianismo.


Roberto Arlt





miércoles, febrero 10, 2016

Los siete locos - Roberto Arlt



Los siete locos
Roberto Arlt
2013
Planeta
264  páginas


SINOPSISDe Los siete locos, que llevó al cine Leopoldo Torre Nilsson y que presentamos con un esclarecedor prólogo de Mirta Arlt, ha escrito Juan Carlos Onetti: «…había nacido para escribir sus desdichas infantiles, adolescentes, adultas. Lo hizo con rabia y con genio, cosas que le sobraban. Todo Buenos Aires, por lo menos, leyó este libro. Los intelectuales interrumpieron los dry martinis para encoger los hombros y rezongar piadosamente que Arlt no sabía escribir. No sabía, es cierto, y desdeñaba el idioma de los mandarines; pero sí dominaba la lengua y los problemas de millones de argentinos, incapaces de comentarlo en artículos literarios, capaces de comprenderlo y sentirlo como amigo que acude —hosco, silencioso o cínico— en la hora de la angustia. Hablo de arte y de un gran, extraño artista.» Los siete locos es una novela del escritor argentino Roberto Arlt editada en el mes de octubre de 1929. En la misma se desarrollan algunos de los problemas planteados por el existencialismo filosófico. Las cuestiones morales, la soledad, la angustia ante el sin sentido de la vida y la desolación de la muerte son temas recurrentes en la arquitectura metafísica de sus protagonistas. Es una obra de lúcida crítica social a la Argentina de los años 30. Los siete locos culmina con Los lanzallamas, novela que Arlt editaría en 1931.





Al abrir la puerta de la gerencia, encristalada de vidrios japoneses, Erdosain quiso retroceder; comprendió que estaba perdido, pero ya era tarde.
Lo esperaban el director, un hombre de baja estatura, morrudo, con cabeza de jabalí, pelo gris cortado a «lo Humberto I», y una mirada implacable filtrándose por sus pupilas grises como las de un pez: Gualdi, el contador, pequeño, flaco, meloso, de ojos escrutadores, y el subgerente, hijo del hombre de cabeza de jabalí, un guapo mozo de treinta años, con el cabello totalmente blanco, cínico en su aspecto, la voz áspera y mirada dura como la de su progenitor. Estos tres personajes, el director inclinado sobre unas planillas, el subgerente recostado en una poltrona con la pierna balanceándose sobre el respaldar, y el señor Gualdi respetuosamente de pie junto al escritorio, no respondieron al saludo de Erdosain. Sólo el subgerente se limitó a levantar la cabeza:
—Tenemos la denuncia de que usted es un estafador, que nos ha robado seiscientos pesos.





Me ha costado terminar de leer la novela quizás porque la comencé terminando el año, muy cansada y dispersa. Por momento se me tornaba densa, demasiado repetitiva en cuanto a los detalles de esa mente del personaje principal, de la mano de un narrador que bucea en el alma llegando aún hasta los puntos semiconscientes, para adentrarnos en los motivos de la locura, de la no locura y de los marginados como los asesinos, los delirantes místicos, los violentos. El narrador los acompaña y, de alguna manera, opina sobre ellos: “los locos”, “no estaba en sus cabales”. Por momentos me parecía estar escuchando a la sociedad hablando y observando a estos marginales. Voz muy dura que, en ciertos pasajes, se independiza y se vuelve contra sí misma sin reconocer fuente primera.


—Yo debo haber nacido para lacayo… …apretaba los dientes de satisfacción al insultarse y rebajarse de ese modo ante sí mismo.



La lectura nos sumerge en el estado de tristeza, en un sentimiento de vacío, en la zona llamada de angustia; los personajes discurren entre sus rutinas y sus vidas aburridas y planas esperando un acontecimiento extraordinario que le remueva la docilidad, de la domesticación ante este sistema donde las ideas y los pensamientos se implantan hasta hacernos creer que nos pertenecen. Esas zonas marginales son las auténticas, esas ideas que flotan por fuera de ese universo estatuido. El sentimiento de la nausea y de vacío me recordó mi lectura de la novela de Sartre, La nausea.


Pero él ya estaba vacío, era una cáscara de hombre movida por el automatismo de la costumbre.

Erdosain se preguntaba por qué existía en él un vacío tan inmenso, vacío en el que su conciencia se disolvía sin acertar con palabras que ladraran su pena de un modo eterno.

         Entre la duda, los personajes chocan, se congregan: ¿Qué hago con mi vida?, ¿qué alma tengo? Y aparecen las certezas: Yo nací para lacayo, yo seré siempre una criada.

Esta atmósfera de sueño y de inquietud que lo hacía circular a través de los días como un sonámbulo, la denominaba Erdosain, «la zona de la angustia».


Erdosain se imaginaba que dicha zona existía sobre el nivel de las ciudades, a dos metros de altura, y se le representaba gráficamente bajo la forma de esas regiones de salinas o desiertos que en los mapas están revelados por óvalos de puntos, tan espesos como las ovas de un arenque. Esta zona de angustia era la consecuencia del sufrimiento de los hombres.

Lo que más me ha  gustado ha sido la crítica social que se puede leer en los planes del Astrólogo, quien reflexiona sobre la dominación a la que han sido sujetos los individuos en la construcción del poder. La novela fue escrita entre el 1928 y 1929 por lo cual me resultó bastante adelantado para la época ya que estas consideraciones de la crisis y los conflictos serían incorporados en las ciencias sociales con posterioridad.


Puede ser instrumento de él, nada más. Eso es todo. Los futuros dictadores serán reyes del petróleo, del acero, del trigo. Nosotros, con nuestra sociedad, prepararemos ese ambiente. Familiarizaremos a la gente con nuestras teorías. Por eso hace falta un estudio detenido de propaganda. Aprovechar los estudiantes y las estudiantas. Embellecer la ciencia, acercarla de tal modo a los hombres que de pronto…

         Otro de los aspectos que disfruté de la novela fueron ciertas construcciones  muy líricas.

Por la entreabierta puerta de vidrios opacos penetraba un rayo de sol que como una barra de azufre cercenaba en dos la atmósfera azulosa.

El terror luminoso que es como el estallido de un gran día de sol en la convexidad de una salitrera.

Sólo perduraba para su sensibilidad una conciencia forastera a lo que le había ocurrido, un alma que no tendría el largo de la hoja de una espada y que vibraba como una lamprea en el agua de su vida enturbiada.

Era aquél un universo de ideas gelatinosas…

El tic tac del reloj espaciaba en el intervalo de su engranaje una gota de sonido que caía sucesivamente como una lenteja de agua en el cúbico silencio de la habitación.

La crítica, ya mencionada, apunta al fanatismo religioso, a la abulia social, al deseo de superación, al vacío del ser humano relleno con un pensamiento digerido y acorde a objetivos foráneos. Gracias a la domesticación por la mentira, los ciudadanos se vuelven dóciles pero sin ser relevante el contenido de esa mentira que bien puede ser un dios creado a medida o el miedo a un enemigo invisible. ¿Les suena muy actual? Cuando leía me sonaba a adoctrinamiento de un partido político cuando te dicen qué tenés que escribir en los foros, cómo preguntar, qué cartelitos pegar, cómo responder, qué usos darles a las redes sociales. Además, recordé la frase de Dostoievski de El gran inquisidor: “El más vivo afán del hombre libre es encontrar un ser ante quien inclinarse”. Y este ser puede ser dios o un dictador o el presidente de un partido político.


El dinero será la soldadura y el lastre que le concederá a las ideas el peso y la violencia necesarias para arrastrar a los hombres. Nos dirigiremos en especial a las juventudes, porque son más estúpidas y entusiastas. Les prometeremos el imperio del mundo y del amor… Les prometeremos todo…

Literatos de mostrador. Inventores de barrio, profetas de parroquia, políticos de café y filósofos de centros recreativos serán la carne de cañón de nuestra sociedad.

Aquel que encuentre la mentira que necesita la multitud será el Rey del Mundo.

Lo único que debemos desear es que la idea germine en las imaginaciones…



El personaje principal, Remo, se enfrenta al fracaso que es su vida y desea romper pero encuentra otra cara de la misma sumisión, es así que ingresa a una especie de grupo secreto que desea dominar para transformar el mundo, liberarse para volver a ser atenazado. No es una novela optimista. En el trasfondo discurre la imposibilidad de la liberación y de la escapatoria, el vacío que como un agujero negro terminará fagocitándonos.


Me resta ver la película, mencionada en la sinopsis, con Alfredo Alcón y Norma  Aleandro. También existe una adaptación muy posterior dirigida por Fernando Spiner y Ana Piterbarg, que consta de treinta capítulos. También me queda leer Los lanzallamas, la continuación de esta novela.










La novela nos permite adentrarnos en la construcción de la subjetividad en las sociedades de hoy.  Mientras leía fue como escuchar el eco de una voz absolutamente implantada que dice: “estamos siendo liberados”. Es la voz foránea que nos dice cómo liberarnos de manera ya construida. ¿Qué liberación puede ser posible si es pensada como un modelo de acción para las masas, masas que son anónimas y no sujetos? ¿La verdadera liberación está en reconocer esta voz como extranjera? ¿Nos atreveríamos?




lunes, diciembre 14, 2015

Los siete locos - Roberto Arlt (Fragmentos)


 
Foto de Greg Rakozy para Unsplash



Yo soy la nada para todos. Y sin embargo, si mañana tiro una bomba, o asesino a Barsut, me convierto en el todo, en el hombre que existe, el hombre para quien infinitas generaciones de jurisconsultos prepararon castigos, cárceles y teorías. Yo, que soy la nada, de pronto pondré en movimiento ese terrible mecanismo de polizontes, secretarios, periodistas, abogados, fiscales, guardacárceles, coches celulares, y nadie verá en mí un desdichado sino el hombre antisocial, el enemigo que hay que separar de la sociedad. ¡Eso sí que es curioso! Y sin embargo, sólo el crimen puede afirmar mi existencia, como sólo el mal afirma la presencia del hombre sobre la tierra.


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