lunes, agosto 20, 2018

Solenoide - Cartarescu (Mi lectura)



HISTORIA DE UNAS ANOMALÍAS 


¿Por dónde comenzar a contar sobre Solenoide de Mircea Cartarescu (Bucarest, 1956) sin adelantar mucho de la trama? La novela es monumental y tengo tanto registrado en mi cuaderno de lecturas que no sé por dónde iniciar. Comenzaré por el autor.
Hay un hype con este autor rumano. Cuando decís que estás leyendo a Cartarescu caen lluvias de likes. Leés que es una genialidad, que merece un gran premio. Ni bien llegó a mi país, compré la novela porque había leído la muestra del capítulo que comparte la editorial y me había convencido. 
Al comienzo de la lectura me atrajo su manera de escribir; luego, fue la temática. Después, ya no me pude despegarme aunque me costaba seguirlo porque leer era hundirse en un foso sin aire. Algo misterioso sucede en esa Bucarest pero no podés darte cuenta. Hay algo raro, pero que no termina de aparecer.
La historia de Solenoide está ambientada en la época del comunismo rumano y trata sobre un profesor, un escritor frustrado y de existencia rutinaria y gris, que va de la escuela a su casa, a su casa en forma de barco, una casa infinita. Pero no vive anestesiado sino que es un gran observador. Entre su ida a la escuela o su discurrir entre los pasillos de su casa con sus cientos de habitaciones él recuerda su infancia. Poco a poco aparecen sucesos extraños que él llama sus anomalías. Y la novela es la historia de estas anomalías que el protagonista nos cuenta.  En esos sucesos extraños, se vislumbra un orden y un caos, una vida concreta y una vida imaginada. Es fantasía y realidad. Es todo al mismo tiempo.
Me gustó la forma en que nos mete en la atmósfera tenebrosa a partir de la descripción de Bucarest como una ruina, como una ciudad gris y triste.

Había comprendido ya, a los diecinueve años, cuando lo había leído todo, que Bucarest no era como otras ciudades que se habían desarrollado a lo largo del tiempo sustituyendo las chabolas y los depósitos por grandes edificios, reemplazando los tranvías tirados por caballos por tranvías eléctricos. Bucarest había aparecido de repente, ya en ruinas, derruida, con el revoque desconchado y las narices de las gorgonas de estuco rotas, con los cables eléctricos suspendidos sobre las calles formando manojos melancólicos, con una arquitectura industrial fabulosamente variada. Habían pretendido proyectar desde el principio una ciudad más humana y más emocionante que una Brasilia de hormigón y cristal. El arquitecto genial había proyectado calles sinuosas, canales hundidos, palacetes torcidos invadidos por la maleza, casas con fachadas completamente desmoronadas, escuelas impracticables, centros comerciales de siete pisos, esbeltos y espectrales. Y, sobre todo, Bucarest había sido proyectada como un gran museo al aire libre, el museo de la melancolía y de la ruina de todas las cosas.


Cuando narra sobre el sistema educativo, me parecía estar observando la misma escuela hoy, un sistema que se sustenta en el premio y el castigo. Terrible cuando cuenta cómo el sistema comunista hacía escupir a los niños como técnica de inflar de odio hacia un enemigo, en ese caso es contra la Virgen y el Niño Jesús. Lo mismo he visto en mi país, también llevado a cabo por un partido político, hace unos cinco años atrás. Ya no era la Virgen, eran otros que estaban en contra del partido. Parece que la práctica del escupitajo para sembrar odio es efectiva.
 
Mircea Cartarescu (fuente de la imagen)

En la obra abundan los guiños hacia Kafka, Borges, Cortázar. Es más, cuando leía me decía “esto es Borges”. Sentía, por momentos, que estaba ante una nueva obra de Borges con sus disquisiciones sobre temas filosóficos y artilugios. En relación a esto, me encantaron las páginas donde cuenta sobre el cubo de Rubik o sobre personalidades, con una mezcla de ficción y ensayo.
La novela está escrita en primera persona y no solo se adentra en la psicología del personaje sino también en la transformación del cuerpo, en cómo el sistema lo desarma y arma para encajar una anatomía acorde a sus necesidades. Sobre el cuerpo recae la disciplina; es analizado por los médicos, educado en las escuelas, vestido y bañado por la familia. Contra el cuerpo: dietas, mediciones, vacunas, controles, análisis. Todo un sistema de estudio y control de los cuerpos. Es una lectura interesante para cruzar con el tema del disciplinamiento, el castigo, la sociedad de control desde Foucault y Deleuze. En la novela, estos cuerpos son los cuerpos del partido, para el partido.
Ya dije que los sucesos acontecen en el marco del sistema comunista rumano de gobierno que rigió desde 1947 hasta 1989. No pude evitar leer la novela como crítica contra la masificación, la imposición de una única manera de pensar y de ser.  Y el miedo presente. Miedo a la muerte, miedo a la noche,  miedo a los hospitales. Podemos mencionar, como ejemplo de la novela, los pasajes sobre el sanatorio para niños enfermos durante el comunismo. Además, se mencionan periódicos y cómo el partido usa a los jóvenes a través de distintas estrategias y organizaciones, desde espías (Unión de la juventud comunista) hasta recolectores de materias primas. Inclusive encontré nombres de militantes del partido que aparecen como personajes.

Niños en la época del comunismo rumano (Fuente de la imagen)


Sobre los niños, ahora centrándonos en la realidad, se han investigado la muerte de discapacitados durante el comunismo entre 1966 y 1989. Estos niños estaban bajo la guarda del estado en hospitales. Se calculan que las víctimas podrían ser más de 10.000. Se los clasificaba en recuperables y no recuperables. A los últimos se los medicaba de más, se los sometía a torturas, como bañarse con agua helada. Es decir, se los maltrataba hasta la muerte porque un enfermo crónico o un “retrasado” no era útil para el régimen.

...a los niños que querían ir al servicio durante la comida los obligaban a hacer sus necesidades a la vista de todos en una esquina del comedor utilizando su propio plato como recipiente.  (Fuente)

Justamente, el personaje principal de Solenoide recuerda que, cuando tendría unos diez años, fue internado en uno de estos hospitales. El autor narra sobre la fuerte medicalización y los continuos maltratos en una de estas clínicas (¿clínicas?). Es más, hoy día en mi país podemos comparar estas “clínicas” con los geriátricos donde se bañan a los ancianos con agua helada en el invierno. Cuando ellos hablan, el personal dice que “chochean”, es decir, que sufren de demencia senil y que el baño con agua helada no es cierto. Muchos de los ancianos mueren de neumonía.  No podía dejar de mencionarlo.

Fotografía perteneciente a  Andrei Pandele

La verdad que no sabía mucho sobre Rumania. En mi búsqueda llegué a las fotografías de Andrei Pandele quien retrató la era de Ceaușescu de 1970 a 1980. Dice que comenzó a tomar fotografías cuando Ceausescu mandó a demoler iglesias y otros edificios, lo hizo para guardar en la memoria la Bucarest que él amaba. 
Sobre la vida en esa época un testigo dice:

Durante la dictadura comunista de Nicolae Ceaucescu (1918-1989), sobre todo en la última etapa, la escasez era tal que las tiendas --todas propiedad del estado— no tenían qué vender; en sus estantes vacíos solo había polvo. Tampoco estaba bien visto ‘pasear’ a horas tardías –de hecho no existían apenas farolas que lo permitieran-- y, oficialmente, no había personas sin techo, cualquiera en situación de desempleo o que hiciera amago de vivir en la calle (se ‘asignaba’ casas a las familias) era automáticamente trasladado a uno de los puestos asignados por el régimen: una mina, una fábrica… (Fuente)

La gente estaba exhausta. Llevaban meses, años, sometidos a un férreo racionamiento de los alimentos, de medicamentos, de la electricidad y hasta del agua. Mientras, veían al dictador y a su esposa vestidos con abrigos de piel y sin ningún síntoma de estar pasando hambre”, apunta Lazarescu. Cada rumano podía disponer al mes de medio kilo de carne, cinco huevos, un litro de aceite y medio kilo de azúcar. Un racionamiento feroz que hizo florecer un mercado negro donde los precios eran abismales. “Para poder sobrevivir muchos de nosotros trabajábamos en dos sitios, el oficial, que teníamos asignado, y en aquello que encontrábamos: remendando zapatos, por poner un ejemplo” (Fuente)

Volviendo a Solenoide, esta obra también puede leerse una crítica hacia la literatura y hacia los críticos literarios. En varios pasajes, a través de la crítica que el personaje recibió sobre su poema, motivo por el cual dejó de escribir, se muestra el lado feroz de la crítica en los talleres o de profesores o personalidades de las letras.

A partir de menciones de personajes, de sucesos, es posible buscarlos y continuar con la lectura: desde cubos de Rubik, embalsamadores, gitanos, grandes matemáticos o sueños, la lectura se torna lectura de otra lectura de otra lectura, como mamushkas. Incluso la novela es un manuscrito del profesor que cuenta sobre su vida y que menciona otras obras: una obra dentro de una obra de otra obra.
Sobre su estilo de escritura lo encontré precioso: la forma de describir, las comparaciones y las imágenes de mucha belleza. Como ejemplo:

En casa me esperaban mis padres, y a esto se reducía mi vida. Los dejaba delante del televisor y me iba a mi habitación, que daba a la calle Ştefan cel Mare. Me acurrucaba en la cama y deseaba la muerte con tanta intensidad que sentía que al menos algunas de mis vértebras estaban de acuerdo. Mi cama se convertía entonces en un yacimiento arqueológico en el que, amarillos y porosos, en la posición imposible de un ser aplastado, yacían los huesos de un animal desaparecido.

Como puntos negativos tengo que mencionar cierta repetición de escenas. Por ejemplo, las veces que narran su visita a un hospital. Es cierto que demarcan las obsesiones del protagonista, pero siendo una novela tan larga, creo que se me hizo demasiado recurrente. Quizás provenga de la forma de escritura del autor. Escribe a mano, sin corregir, sin releer lo que escribe. Un caso excepcional. 



CONCLUSIÓN

Es un libro imprescindible para quienes quieren ser escritores. Es una historia que no me voy a olvidar nunca.  Permite recordar o actualizar sucesos tristes, como la matanza de niños, incluso cuando nunca aprendemos del pasado. También es una experiencia lectora  sobre una manera de contar la vida de una persona alejado de los tópicos.Una vida entre la tortura y la curiosidad, el miedo, la supervivencia y el agotamiento. 

2 comentarios:

  1. Hace un par de años, en la Universidad tuve la suerte de cursar una asignatura sobre Literatura Rumana. El profesor, Enrique Nogueras, un importante traductor de literatura rumana en español, tenía muchos contactos dentro del mundillo y nos trajo a la traductura "oficial" de Cartarescu. Estuvo hablando sobre él como una hora (aún no había salido Solenoide, que ha sido un "boom", el libro rumano más vendido en español de la historia editorial), pero ella afirmaba ya que era cuestión de tiempo que un escritor como Cartarescu acabe ganando un premio Nobel, que toda Rumanía estaba esperando. El hype llevaba ahí años y años oculto... xD

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    1. Hola, Lucas. Qué bueno lo que contás, que pudiste cursar sobre el tema. Tengo que seguir leyendo más del autor porque la verdad me encantó. Yo espero que gane. Estuve leyendo entrevistas y me pareció muy interesante su método de escritura y lo que dice sobre los premios. Besos!

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