viernes, marzo 20, 2015
miércoles, marzo 18, 2015
Viajes con mi tía - Graham Greene (Reseña)
DALIAS, MAYORDOMOS Y URNAS FUNERARIAS
Un hombre sin
recuerdos puede llegar a los cien años
y sentir que su
vida ha sido muy corta.
Título: Viajes con mi tía
Autor: Graham Greene
Año: 2014
Editorial: Edhasa
Páginas: 444
ISBN: 9875660191
Viajes con mi tía,
que según el mismo Graham Greene es un libro triste, e incluso trágico, que
trata de la muerte y de las diversas actitudes que pueden adoptarse ante ella,
es también una novela extraordinariamente cómica, de aventuras a menudo desopilantes.
Henry Pulling, jubilado, soltero, vive dedicado al cultivo de las dalias en un
pueblo inglés. El encuentro con la tía Augusta, de 75 años, bebedora, viajera,
que se gana la vida en negocios poco claros y que tiene un joven amante negro,
trastorna por completo el ordenado sistema de vida de Henry. La tía Augusta
revela ante todo a Henry que no es hijo de su madre, y que su padre no era el
hombre serio y prudente que aparentaba ser. Arrastrado al vértigo de los viajes
por esta mujer desenvuelta y excéntrica, Henry se libera de sí mismo, de todos
los prejuicios y ataduras del pasado, y renace a una vida nueva.
Leí la reseña editorial y me enganché con la historia.
Rescato el personaje de la tía de Henry,
Augusta, una mujer misteriosa y fuera de lo común quien ha vivido aventuras
dignas de ser contadas. A medida que leía, iba descubriendo la personalidad de
la tía Augusta, a la par de que lo hacía Henry. Este recurso me pareció interesante
y me mantuvo en vilo hasta el final. Asimismo, página a página, uno comprende a
Henry, su mirada apática sobre las
cosas, una vida apagada y rutinaria, donde la monotonía del trabajo bancario le
invadió hasta su vida cotidiana. La soledad de él se compensa con la cantidad
de dalias y con esos ritos diarios que cumple a la perfección, hasta que llega
su tía con su forma distinta de vida y de significar aún los acontecimientos
más banales, quien le empuja a moverse de su vida cómoda y gris.
—He sido muy feliz. Pero me he aburrido tanto…
Siempre había estado aislado, como en mis tiempos de cajero, por una
higiénica pantalla de material plástico.
La novela es amena y alterna
aspectos más trágicos con cierta comedia. Está narrada en primera persona y así
como la tía cuenta las peripecias de su vida a su sobrino, éste nos la cuenta a
nosotros
Si el lector piensa que mi carácter es algo estático, debe tener en
cuenta el largo condicionamiento de mi carrera en el banco, antes de retirarme.
El final es lo que menos me ha
convencido, demasiado abrupto, con demasiado elidido por ser una historia
narrada de manera bastante lineal, salvo por los momentos en que él o la tía
recuerdan para comentar alguna anécdota. Esta linealidad se completa a
medida que avanzamos con la lectura sin dejar espacios en blanco pero, en el final, según mi punto de vista, sentí
que había aspectos elididos que me movieron de la atención de la lectura porque luego de leer tantas páginas, eso me resultó extraño.
Las escenas humorísticas me
encantaron como las ocurrencias de la tía y su excentricidad: una iglesia para
perros, viajar de habitación por habitación en una misma casa, etc.
Yo tenía más de
cincuenta años cuando conocí a mi tía Augusta. Fue en el funeral de mi madre.
Cuando murió, mi madre tenía casi ochenta y seis años y mi tía era unos once
años menor. Yo había dejado el banco dos años antes, con un buen retiro y un
apretón de manos gratificador. Al hacerse cargo el Westminster de la
institución, habían resuelto que mi sucursal era superflua. Todos me
felicitaron por mi buena suerte, pero me resultó difícil llenar mi tiempo
libre. No soy casado, he vivido siempre con mucha tranquilidad y no tengo
ningún pasatiempo que me absorba, salvo mi interés por las dalias. Por estos
motivos me sentí gratamente estimulado por el funeral de mi madre.
-El aburrimiento nos aniquila.
-Ante la muerte, nos resta lo extraordinario
-El amor y el amar no es cuestión de una etapa de vida.
domingo, marzo 08, 2015
Viajes con mi tía - Graham Greene (fragmento)
A veces pienso que
nuestra vida está hecha más por los libros que leemos que por la gente que
conocemos: en los libros aprendemos, de segunda mano, qué es el amor y el
dolor. Aun cuando tenemos la suerte de enamorarnos es porque nos hemos dejado
influir por lo que hemos leído. Si yo no había llegado a conocer el amor, era
porque en la biblioteca de mi padre faltaban los libros adecuados.
Biografía del hambre - Amélie Nothomb (Reseña)
EL
SUPERHAMBRE: “EL HAMBRE SOY YO”
La ausencia de
hambre es un drama
que nadie ha
estudiado.
Título: Biografía
del hambre
Autor: Amelia
Nothomb
Año:
2006
Editorial:
Anagrama
Páginas:
208
ISBN: 9788433970909
Biografía del hambre es una novela autobiográfica que cuenta, sobre todo,
la infancia y la adolescencia de la autora a través de un aspecto: el hambre. Cuando hablamos de hambre lo
primero que pensamos es en la comida pero la autora no habla de ese tipo de
hambre sino que involucra a todos los sentidos: comer, tocar, mirar, oler. Más
que hambre la palabra que me resonaba mientras leía era voracidad. Un ser voraz dispuesto a tragarse el mundo, a deglutir
ese mundo mediante cada uno de los canales sensoriales: agua fresca, mujer
bella, olores dulces. Detrás de cada uno de ellos habita el acercamiento a la
belleza aún por la contracara de la fealdad y de lo hórrido. Es así que pasa de
la belleza de una mujer que admira, a la descripción de los leprosos y a la de su cuerpo desgastado por la anorexia.
El hambre es deseo. Es un deseo más amplio que el deseo. No es
voluntad, que es una forma de fuerza. Tampoco es debilidad, ya que el hambre no
conoce la pasividad. El hambriento es un ser que busca.
El hambre,
ese deseo de algo, esa puntada en el estómago siempre presente, es la insatisfacción permanente, es una
búsqueda continua de eso que nos podría satisfacer, al menos, de manera
efímera. Recuerdo un libro que leí hace tiempo, Tener o ser, donde Fromm se explayaba sobre la búsqueda infructuosa
de la felicidad a través de la satisfacción de los deseos. En este sentido, el hambre obraría como un
disparador perpetuo hacia algo que está más allá y que solo se alcanza por unos
segundos y que nos empuja, de nuevo, al vacío. El hambre señala al vacío. No es un hambre, es un superhambre.
Por hambre yo entiendo esa falta espantosa de todo el ser, ese vacío
atenazador, esa aspiración no tanto a la utópica plenitud como a la simple
realidad: allí donde no hay nada, imploro que exista algo.
Si Nietzsche hablaba de superhombre, me autorizo a hablar de
superhambre.
La superhambre no era la posibilidad de sentir más placer, era la
posesión del principio mismo del disfrute, que es el infinito.
El comienzo
del libro me pareció genial, me enganché enseguida con sus descripciones sobre un
lugar, Vanatu, donde la abundancia produce una vida sedentaria, abúlica y hasta
aburrida. Su manera de explicar el carácter de un grupo humano por el entorno,
quizás no acertado antropológicamente hablando, le permite luego explicar cómo
el derrotero de ciudad en ciudad, del contraste entre Pekín y New York, impactó
en su forma de ser en el mundo, en su hambre.
El libro,
para mi gusto, arranca con mucha fuerza y la logra mantener en casi todo el
libro pero el final se precipitó de tal manera que me pareció que lo cerró
porque lo tenía que terminar. Si al comienzo indaga de manera extensa ciertos
aspectos, al final pasa con rapidez saltando de año en año como si el hambre
fuera solo un aspecto de la infancia y la adolescencia, y no pudiera explayarse
en las nuevas formas de hambre que, según ella, la caracterizan. Tampoco pude
leer lo que más quería, el hambre de la palabra, el hambre de la escritura, ya
que apenas hay dos párrafos o tres hacia el final de la obra. Me pareció que al
libro le faltó crecer, madurar, completarse, adentrarse en el presente de la
autora, cerrar con algo más contundente a la altura del comienzo del libro. Cuando
lo terminé, no pude dejar de admirar su
estilo, me encantó su escritura aunque quizás no era el libro para estrenarme
con ella. En definitiva, seguiré leyendo a la autora. ¿Me recomiendan alguno de
sus libros?
No comprender algo es un fermento fenomenal para la escritura. Mis
novelas daban forma a una incomprensión creciente.
Por Keren Verna
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