miércoles, marzo 18, 2015

Viajes con mi tía - Graham Greene (Reseña)

DALIAS, MAYORDOMOS Y URNAS FUNERARIAS


Un hombre sin recuerdos puede llegar a los cien años
y sentir que su vida ha sido muy corta.





Título: Viajes con mi tía
Autor: Graham Greene
Año: 2014
Editorial: Edhasa
Páginas: 444
ISBN: 9875660191




Viajes con mi tía, que según el mismo Graham Greene es un libro triste, e incluso trágico, que trata de la muerte y de las diversas actitudes que pueden adoptarse ante ella, es también una novela extraordinariamente cómica, de aventuras a menudo desopilantes. Henry Pulling, jubilado, soltero, vive dedicado al cultivo de las dalias en un pueblo inglés. El encuentro con la tía Augusta, de 75 años, bebedora, viajera, que se gana la vida en negocios poco claros y que tiene un joven amante negro, trastorna por completo el ordenado sistema de vida de Henry. La tía Augusta revela ante todo a Henry que no es hijo de su madre, y que su padre no era el hombre serio y prudente que aparentaba ser. Arrastrado al vértigo de los viajes por esta mujer desenvuelta y excéntrica, Henry se libera de sí mismo, de todos los prejuicios y ataduras del pasado, y renace a una vida nueva.







Leí la reseña editorial y me enganché con la historia. Rescato  el personaje de la tía de Henry, Augusta, una mujer misteriosa y fuera de lo común quien ha vivido aventuras dignas de ser contadas. A medida que leía, iba descubriendo la personalidad de la tía Augusta, a la par de que lo hacía Henry. Este recurso me pareció interesante y me mantuvo en vilo hasta el final. Asimismo, página a página, uno comprende a Henry,  su mirada apática sobre las cosas, una vida apagada y rutinaria, donde la monotonía del trabajo bancario le invadió hasta su vida cotidiana. La soledad de él se compensa con la cantidad de dalias y con esos ritos diarios que cumple a la perfección, hasta que llega su tía con su forma distinta de vida y de significar aún los acontecimientos más banales, quien le empuja a moverse de su vida  cómoda y gris.

—He sido muy feliz. Pero me he aburrido tanto…

Siempre había estado aislado, como en mis tiempos de cajero, por una higiénica pantalla de material plástico.

La novela es amena y alterna aspectos más trágicos con cierta comedia. Está narrada en primera persona y así como la tía cuenta las peripecias de su vida a su sobrino, éste nos la cuenta a nosotros


Si el lector piensa que mi carácter es algo estático, debe tener en cuenta el largo condicionamiento de mi carrera en el banco, antes de retirarme.


El final es lo que menos me ha convencido, demasiado abrupto, con demasiado elidido por ser una historia narrada de manera bastante lineal, salvo por los momentos en que él o la tía recuerdan para comentar alguna anécdota. Esta linealidad se completa a medida que avanzamos con la lectura sin dejar espacios en blanco pero, en el final, según mi punto de vista, sentí que había aspectos elididos que me movieron de la atención de la lectura porque luego de leer tantas páginas, eso me resultó extraño.
Las escenas humorísticas me encantaron como las ocurrencias de la tía y su excentricidad: una iglesia para perros, viajar de habitación por habitación en una misma casa, etc.



Así Comienza


Yo tenía más de cincuenta años cuando conocí a mi tía Augusta. Fue en el funeral de mi madre. Cuando murió, mi madre tenía casi ochenta y seis años y mi tía era unos once años menor. Yo había dejado el banco dos años antes, con un buen retiro y un apretón de manos gratificador. Al hacerse cargo el Westminster de la institución, habían resuelto que mi sucursal era superflua. Todos me felicitaron por mi buena suerte, pero me resultó difícil llenar mi tiempo libre. No soy casado, he vivido siempre con mucha tranquilidad y no tengo ningún pasatiempo que me absorba, salvo mi interés por las dalias. Por estos motivos me sentí gratamente estimulado por el funeral de mi madre.





-El aburrimiento nos aniquila.
-Ante la muerte, nos resta lo extraordinario
-El amor y el amar no es cuestión de una etapa de vida.







Keren Verna




domingo, marzo 08, 2015

Viajes con mi tía - Graham Greene (fragmento)




A veces pienso que nuestra vida está hecha más por los libros que leemos que por la gente que conocemos: en los libros aprendemos, de segunda mano, qué es el amor y el dolor. Aun cuando tenemos la suerte de enamorarnos es porque nos hemos dejado influir por lo que hemos leído. Si yo no había llegado a conocer el amor, era porque en la biblioteca de mi padre faltaban los libros adecuados.



Biografía del hambre - Amélie Nothomb (Reseña)



EL SUPERHAMBRE: “EL HAMBRE SOY YO”



La ausencia de hambre es un drama
que nadie ha estudiado.



Título: Biografía del hambre
Autor: Amelia Nothomb
Año: 2006
Editorial: Anagrama
Páginas: 208

ISBN: 9788433970909










Biografía del hambre es una novela autobiográfica que cuenta, sobre todo, la infancia y la adolescencia de la autora a través de un aspecto: el hambre. Cuando hablamos de hambre lo primero que pensamos es en la comida pero la autora no habla de ese tipo de hambre sino que involucra a todos los sentidos: comer, tocar, mirar, oler. Más que hambre la palabra que me resonaba mientras leía era voracidad. Un ser voraz dispuesto a tragarse el mundo, a deglutir ese mundo mediante cada uno de los canales sensoriales: agua fresca, mujer bella, olores dulces. Detrás de cada uno de ellos habita el acercamiento a la belleza aún por la contracara de la fealdad y de lo hórrido. Es así que pasa de la belleza de una mujer que admira, a la descripción de los leprosos y a la  de su cuerpo desgastado por la anorexia.

El hambre es deseo. Es un deseo más amplio que el deseo. No es voluntad, que es una forma de fuerza. Tampoco es debilidad, ya que el hambre no conoce la pasividad. El hambriento es un ser que busca.

         El hambre, ese deseo de algo, esa puntada en el estómago siempre presente, es la insatisfacción permanente, es una búsqueda continua de eso que nos podría satisfacer, al menos, de manera efímera. Recuerdo un libro que leí hace tiempo, Tener o ser, donde Fromm se explayaba sobre la búsqueda infructuosa de la felicidad a través de la satisfacción de los deseos.  En este sentido, el hambre obraría como un disparador perpetuo hacia algo que está más allá y que solo se alcanza por unos segundos y que nos empuja, de nuevo, al vacío. El hambre señala al vacío. No es un hambre, es un superhambre.


Por hambre yo entiendo esa falta espantosa de todo el ser, ese vacío atenazador, esa aspiración no tanto a la utópica plenitud como a la simple realidad: allí donde no hay nada, imploro que exista algo.

Si Nietzsche hablaba de superhombre, me autorizo a hablar de superhambre.

La superhambre no era la posibilidad de sentir más placer, era la posesión del principio mismo del disfrute, que es el infinito.

         El comienzo del libro me pareció genial, me enganché enseguida con sus descripciones sobre un lugar, Vanatu, donde la abundancia produce una vida sedentaria, abúlica y hasta aburrida. Su manera de explicar el carácter de un grupo humano por el entorno, quizás no acertado antropológicamente hablando, le permite luego explicar cómo el derrotero de ciudad en ciudad, del contraste entre Pekín y New York, impactó en su forma de ser en el mundo, en su hambre.
         El libro, para mi gusto, arranca con mucha fuerza y la logra mantener en casi todo el libro pero el final se precipitó de tal manera que me pareció que lo cerró porque lo tenía que terminar. Si al comienzo indaga de manera extensa ciertos aspectos, al final pasa con rapidez saltando de año en año como si el hambre fuera solo un aspecto de la infancia y la adolescencia, y no pudiera explayarse en las nuevas formas de hambre que, según ella, la caracterizan. Tampoco pude leer lo que más quería, el hambre de la palabra, el hambre de la escritura, ya que apenas hay dos párrafos o tres hacia el final de la obra. Me pareció que al libro le faltó crecer, madurar, completarse, adentrarse en el presente de la autora, cerrar con algo más contundente a la altura del comienzo del libro. Cuando lo terminé,  no pude dejar de admirar su estilo, me encantó su escritura aunque quizás no era el libro para estrenarme con ella. En definitiva, seguiré leyendo a la autora. ¿Me recomiendan alguno de sus libros?


No comprender algo es un fermento fenomenal para la escritura. Mis novelas daban forma a una incomprensión creciente.






        

Por Keren Verna


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