miércoles, abril 18, 2018

Autopublica tu novela #10




PLANIFICACIÓN Y DOCUMENTACIÓN: EL CONTEXTO

Ya he hablado en nueve entradas anteriores sobre los primeros pasos antes de sentarse a escribir. Esta entrada se me ocurrió porque justo estoy planificando una novela de fantasía y me pareció útil compartir los problemas o las ideas que me surgieron.

Todo fenómeno sucede en un lugar y en un tiempo. Traten de pensar un hecho  por fuera del tiempo y del espacio. No se puede. Kant los llamó los invariables. Si pensamos en una guerra, ya nos pide que pensemos quiénes se enfrentan y dónde; si es un viaje, cuándo y desde dónde y hacia dónde. No es distinto para los hechos ficcionales. Uno de los primeros aspectos que uno registra es si es un tiempo pasado, si es contemporáneo o si es sobre el futuro. Ahí ya nos salta el sentido común y nos dice: pasado es novela histórica o fantasía, presente es drama contemporáneo y futuro es ciencia ficción. Este primer acercamiento puede ser incorrecto. Podemos escribir ciencia ficción en el tiempo presente, por ejemplo. Y sobre el lugar, podemos escribir fantasía ubicando la historia en otro planeta como la novela Eliantris de Brando Sanderson que sucede en otro universo llamado Cosmere.
Así, los primeros aspectos que el lector necesita para anclar a los personajes en un conflicto, que es la energética de toda novela, es un lugar y un espacio.
Una historia puede desarrollarse en un lugar que no existe. En realidad todo lugar no existe en concreto y ya me pongo puntillosa. Si mi protagonista viaja a París, no es París empírico, es París recreado en una obra de ficción. Algo así como la diferencia entre un mapa (recreación) y un territorio (real), o la pipa en una foto y la pipa que estoy fumando. “Esto no es una pipa”, aclara Magritte cuando dibujó una y parece que alguien se la quiso fumar.
Entonces, elegir el lugar es una elección importante. Si la novela trata sobre elfos, salvo que quiera meter elfos en Nueva York, tal vez sea buena idea crear una ciudad elfa mediante un nombre inventado. Si deseo hablar sobre la competencia feroz en una empresa, tal vez Nueva York sea adecuada, salvo que la competencia comercial sea entre elfos.
Además, el lugar y el tiempo nos influyen en el tipo de lenguaje a elegir. Por ejemplo, la novela que recomiendo de Federico Andahazi, El anatomista, ciertos  pasajes están escritos imitando la forma de narrar antigua.

Quizá os preguntéis por qué me decido a revelaros mi secreto nada más que a vos. Y sucede que, aunque aún no lo sepáis, vos fuisteis la fuente de los descubrimientos que me fueron revelados.De vos depende ahora. Si consideráis que cometo sacrilegio por decir lo que he jurado callar, detened ahora mismo la lectura y que estos papeles acaben en el fuego. Si acaso todavía os merezco un poco de crédito y habéis decidido seguir adelante con la lectura, os ruego que, en el mismo Nombre de Dios, guardéis el secreto.

Los nombres de nuestros personajes también estarán influidos por el tiempo y el lugar. Para esta novela de fantasía que estoy planificando opté por nombres germánicos antiguos. Ni bien se leen varios de estos nombres, ya el lector se coloca en un lugar.


Es un debate interesante pensar por qué ciertos nombres de personajes ya nos aparecen anglosajones. Al menos me pasa y me cuesta mucho despegarme una vez que mi personaje se llamó John, es John a muerte. Lo puedo renombrar Juan, pero luego, cuando estoy leyendo lo que escribí le digo John. Para una novela distópica que está en etapa de corrección estuve trabada varios meses con los nombres. Al final mi personaje se llama Devin Green porque así nació y no pude despegarme. Pero la novela sucede en un futuro lejano, en un lugar que hoy no existe. Eso me permitió optar por nombres no habituales de Argentina, por ejemplo.
El lugar también nos llevará a optar por un tipo de habla. Si nuestra novela sucede en una cárcel argentina podríamos incorporar el tumbero, una forma de hablar (jerga) que se usa en las cárceles. Por ejemplo, “yuta” es policía. Si ambientamos nuestra novela en Nueva York es lógico que aparezcan palabras del inglés, marcas, nombres de comercios en inglés, por lo general.
Incluso, el lugar y el tiempo impactan en la forma de ver el mundo, en la forma de ser de los personajes. En una ciudad superpoblada, por lo general, los tiempos están más pautados y las actividades se realizan de manera más rápida. Los relojes marcan los segundos. Cada segundo cuenta, es lo que nos dicen en tanto apuntamos mil actividades en la agenda. En cambio, en tiempos muy remotos, sin relojes, eran otros los parámetros. En algunas tribus el tiempo libre era mayor y se dedicaban a juntarse y charlar, a relacionarse entre familias o clanes.  El afán por el trabajo y que el tiempo sea productivo es típico de hoy día en occidente. Pero en la Edad Media las preocupaciones  religiosas, la virtud y la fe eran temas centrales de preocupación. Piensen que era la Iglesia quien definía la anormalidad. Si alguien no era “normal”, el castigo por salirse de la norma era materia divina, era de Dios. Hoy, en cambio, es la medicina la que tiene la voz autorizada. Entonces, hay que meterse en la cabeza de esos personajes para mirar el mundo como ellos lo hacen. Y esa manera de mirar será acorde al tiempo y al lugar. Miren qué interesante el siguiente párrafo:

Se busca (en la cultura contemporánea) exclusivamente la potencia de rendimiento o de trabajo tal como conviene a un período que no está ya habituado a dirigir su atención hacia las grandes personalidades, sino que reemplaza la nobleza de corazón por la problemática honorabilidad de la capacidad profesional. (…) El Renacimiento, si se hubiera preocupado por la psicología, se habría interesado quizás por la aptitud del hombre para las grandes realizaciones; la Edad Media habría buscado las condiciones de la aptitud para la fe, y la Antigüedad, por lo menos en parte, se habría interesado por la aptitud para la felicidad. Esos rasgos de personalidad han perdido su valor para la psicología moderna y no ha quedado más que el celo hacia el trabajo, la ambición y la capacidad de éxito, es decir, un conjunto de rasgos que la Antigüedad hubiera atribuido, sin vacilación, a la más baja categoría de hombre, al esclavo y al paria.
(L. Klages. 1959. Los fundamentos de la caracterología. Editorial Paidós)


Entonces, definir el lugar y el espacio definirá el tipo de personajes, su idiosincrasia, su forma de ver el mundo, los eventos que suceden en ese contexto (guerras, crisis, cuestiones de género, rol de la mujer, trabajos más prestigiosos).
Uno de los primeros aspectos que tenemos que pensar ni bien se nos ocurre una idea, como la historia de una chica que se va de su casa, es dónde y cuándo sucederá. Esto nos ayudará a planificar lo demás como conflictos, personajes, construcciones, espacios.

EJERCICIO FINAL
Para cerrar esta entrada, les dejo una pequeña tarea: busquen novelas que leyeron y registren el contexto (cuándo y dónde) y piense cómo esta decisión influye en la historia que narra, ya sea en la construcción de personajes, en el conflicto u otro tema. Ahora, cambien el tiempo y lugar y reflexiones cómo impacta en la obra. 


Besos y buena escritura. Nos vemos en la próxima entrada.

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