domingo, diciembre 17, 2017

La tierra permanece de G. R. Stewart (Mis lecturas)

La tierra permanece de George Stewart


Con ganas de leer una distopía post-apocalíptica, uno de los géneros que más me gustan, descubrí La tierra permanece (Earth abides), un clásico de George R. Stewart, escritor norteamericano que ganó el premio Internacional Fantasy Award por esta obra en el año 1951. Nació en Sewickley, Pennsylvania, en 1895 y murió en el año 1980. Además de novelista, fue historiador, profesor de la Universidad de Berkley y especialista en toponimia. Esta novela fue fuente de inspiración de Stephen King, para su obra The stand (Apocalipsis, en español).
El título de la novela de la que hablamos hace referencia a un versículo bíblico del Eclesiastés: “Los hombres van y vienen pero la tierra permanece”, que el autor utilizó como epígrafe.
La tierra permanece trata sobre la casi aniquilación de la humanidad y sus efectos sobre el planeta y el resto de las especies. El suceso se conoce como Gran Desastre. La novela se centra en California, Estados Unidos, durante 1940.



El protagonista, Isherwood Williams, llamado Ish, es un geógrafo egresado de la Universidad de California y, ni bien comienza la novela, nos enteramos que prepara su tesis sobre “la Ecología de la zona de Black Creek. Debía investigar las relaciones, pasadas y presentes, entre los hombres, plantas y animales de la región”.


Al recuperarse de la mordedura de una serpiente, descubre que ha sucedido una epidemia y que la gente se ha marchado. A partir de ese momento, seguimos paso a paso el derrotero del protagonista por descubrir qué ha sucedido y medir el efecto que ha causado el virus en la población.
La mirada del protagonista es la de un científico, testigo de primera mano, de uno de los acontecimientos más espectaculares en la historia de la humanidad. Lejos de lo lacrimógeno y del dramatismo, nos narra de manera práctica y alejada, los sucesos y la manera en que los supervivientes deben adaptarse a las nuevas condiciones de vida luego de la pérdida de la civilización.
En cursiva, incluido entre el textgo párrafos y cada tanto, aparecen otras voces. Algunas, parecen de otros testigos; otras, de alguien que ha estudiado el fenómeno, de manera que incluye desde prosa poética hasta ensayos científicos o filosóficos. Me gustó mucho esta variedad de voces. Por ejemplo:

Las liebres de la montaña se multiplican durante años, y se cree que van a invadir el mundo. Luego, rápidamente, una epidemia acaba con ellas. Algunos zoólogos han sugerido incluso una ley biológica: el número de individuos de una especie no es constante, baja y sube. Cuanto más elevada sea la especie, más lenta es la gestación, y más prolongadas las fluctuaciones.

En cuanto al hombre, no debe esperarse que escape, en su larga trayectoria, a la suerte de los animales inferiores. Si hay una ley biológica de flujo y reflujo, su situación es ahora muy peligrosa. Durante diez mil años su número ha aumentado constantemente a pesar de las guerras, las pestes y las hambres. Biológicamente, la prosperidad del hombre es demasiado larga.


Se notan las lecturas científicas del autor que aprovecha para incluir, aunque no de manera chocante, aspectos de antropología y la vida de pequeñas comunidades, así como ciertos hechos o datos científicos provenientes de la geografía y la biología.
Los demás personajes poseen otras posturas que van desde quienes se aceptan el destino, hasta quienes deambulan con tanta nostalgia que enloquecen.
En tanto leía, trataba de ponerme en el lugar de esos sobrevivientes, imaginándome que me despierto y que no queda nadie en toda la ciudad. ¿Qué haría? ¿Me mudaría a una casa más grande? ¿Viajaría el resto de mi vida? ¿Y cuándo me quede sin nafta? ¿Seguiría a pie? ¿Me mudaría adentro de una biblioteca enorme y el resto de mi vida leería sobre historias basadas en un mundo que ya no existe? ¿De qué me alimentaría? Estas preguntas me acompañaron toda la lectura.


Allá arriba, en el cielo, la luna, los planetas y las estrellas recorren sus largas y tranquilas órbitas. No tienen ojos, y no ven. Sin embargo, el hombre había imaginado alguna vez que miraban la tierra. Pero si viesen realmente, ¿qué verían esta noche? Ningún cambio. Aunque el humo de las chimeneas ya no enturbia la atmósfera, pesadas humaredas surgen aún de los volcanes y los bosques incendiados. Visto desde la luna, el planeta tendrá esta noche su resplandor de costumbre; ni más brillante, ni más oscuro.


De fondo, no podía evitar recordar un documental, que dejé por la mitad porque me resultó terrible de mirar, sobre el impacto que dejará la humanidad en el planeta si la humanidad se evaporara de golpe. El primer acontecimiento nefasto sería las fugas en las centrales nucleares que dejará a enormes zonas contaminadas de radiación. Además, las especies domesticadas comenzarán a morir, como los perros. No sobrevivirán esos que adornamos con moños y usamos como si fueran nuestros bebitos. Esos no tienen posibilidades de continuar sin los humanos porque han llegado a un límite de dependencia tan grande que morirán a los pocos días luego de cortado el cordón con los protectores. Terrible, ¿no? No puedo dejar de pensar en nuestra responsabilidad ante las especies que hemos domesticado.
El autor no menciona a las centrales nucleares, supongo que hay que pensar que la escribió antes de 1950, quizás justo después del fin de la Guerra Mundial. Pienso en el auge de las vacunas, en las armas biológicas y en el pánico que existía en ese momento.




Dentro de los aspectos negativos, me chocó cierta mirada que se mimetiza entre el narrador y lo que piensa en personaje, que considera a quienes no han ido a la universidad como idiotas, pocos inteligentes, así como a los aborígenes como simples e ingenuos. Esta segunda idea se puede entender en el contexto en cual fue escrita la obra y el los avances posteriores de la antropología que estudió la complejidad de los grupos llamados “indígenas”, para nada simples. Pero lo anterior me chocó mucho. Por momentos no parecía la voz del personaje, el personaje es como es, sino que me parecía escuchar al autor mimetizado en ese narrador en tercera persona. En esos momentos me frenaba la lectura y me descolocaba. Quizás se debe al construir un narrador muy apegado al protagonista. En realidad, se mete y vive a través de las vivencias de Ish, desde él está puesto el foco.

Otro tema relativo en esta obra es el del buen salvaje y el retorno a la naturaleza. Persisten esas miradas de la naturaleza como lugar puro, simple, salvaje y amenazador. ¿Se podrá sobrevivir sin la protección de nuestras casas, redes de agua potable, electricidad y lo que nos ofrece nuestra calidad de vida?



CONCLUSIÓN

Una novela que nos permite adentrarnos en la condición humana desde qué es aquello que nos define como especie, cuál es nuestro anclaje en nuestro mundo y qué tan amalgamados estamos de las tecnologías.
Escrita de manera muy amena y con párrafos en cursiva que permiten incorporar otros discursos, de manera que la lectura se vuelve más interesante y compleja, a la par que nos anima a realizarnos tantas preguntas. ¿La muerte de los seres humanos implica la muerte de dios?




2 comentarios:

  1. ¡Hola!
    Es uno de los libros preferidos de un maestro mío, quizá lo lea en un futuro, o se lo pida prestado.

    ¡Abrazos!

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    Respuestas
    1. Hola, Espero te guste. Yo lo disfruté mucho y me atrapó. Besos!

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