martes, enero 26, 2016

Ánima (Mi Lectura)



Ánima
Wajdi Mouawad
Editorial Destino
Páginas: 448
Isbn: 9788423347773
Novela

 Wahhch Debch descubre el cuerpo de su mujer, brutalmente violada y asesinada, en el salón de su casa. Empujado por el dolor, se lanza a la caza del asesino: necesita ver su rostro, pero no por venganza, sino por supervivencia. Durante su odisea a través de América, solo y sin esperanza, brutales recuerdos escondidos en los pliegues de su infancia despiertan poco a poco. Para evocar la parte monstruosa del ser humano, Wajdi Mouawad hace callar al hombre y da voz a los animales: son ellos quienes nos narran la escalofriante búsqueda de la verdadera bestia.Ánima nos lleva por un camino desconocido a un territorio entre el thriller, el western y la tragedia griega, un lugar inhóspito y de una violencia feroz que sin embargo no queremos abandonar y que somos incapaces de olvidar cuando hemos acabado el libro: ese espacio nuevo, amenazante y a la vez redentor de la gran literatura.


ASÍ COMIENZA
Bestiæ veræ Felis sylvestris catus carthusianorum
Habían jugado tantas veces a morirse el uno en los brazos del otro, que al encontrarla ensangrentada en mitad del salón se echó a reír, convencido de estar asistiendo a una representación, a algo grandioso que consiguiera sorprenderlo esta vez, anonadarlo, pasmarlo, hacerle perder la cabeza, quedarse con él.



Pocos libros me han perturbado tanto a tal punto de tener que dejar de leer porque sentía que el estómago se me vaciaba. Es un libro con una escritura única, de un estilo cautivador,  con una apuesta a narradores fuera lo común, este último aspecto fue lo que me decidió a comenzarla. La elección de estos narradores es esclarecida en la misma novela, lo cual me resultó fantástico.


Ánima de Wajdi Mouawad narra la historia de Wahhch Debch quien al llegar a su casa se encuentra con que su esposa ha sido torturada, violada y asesinada de manera brutal. Desde este suceso, comienza el recorrido por hallar al asesino y entender su propia vida. El autor, según cuenta al final de la novela, tardó diez años en terminarla. Resuena el  campo de refugiados de Sabra y Chatila, quienes fueron torturados y  masacrados en 1982 por israelitas y cristianos en una de estos episodios que nos deja la intolerancia religiosa y que se hermana con el fanatismo racial, entre otras intolerancias humanas.

La intensidad de los sucesos aumenta hasta dejarnos con una sensación de desesperanza y desesperación, con la  inutilidad de la compasión y de la bondad. Es un libro que me desarmó. Yo soy antropóloga y he leído sobre el ser humano pero ante los sucesos que se describen en la novela me he quedado sin teoría y sin palabras. La novela puede leerse como un buceo en las profundidades de la maldad humana y de la hipocresía, ambos aspectos contemplados por los animales, los testigos de esta historia. Los narradores son testigos que observan los sucesos siempre desde afuera. Es así que apareceremos ante los ojos de las arañas, mofetas, perros, gatos, boas, entre otros, como lo que hemos sido: seres incapaces de tolerar y dotados de una crueldad sin límites, una crueldad única, una crueldad nacida de sí misma y volcada hacia el mundo para volverse de nuevo hacia sí como un estómago abierto que engulle y se cierra. La crueldad no nace de una necesidad vital como la alimentación en las arañas o las serpientes, sino del placer, un hedonismo extremo que se sustenta en el horror. Así puede ser entendido el espectáculo de riñas de gallos, de peleas de perros, la caza del venado, de masacres de toros o la tortura de niños. La muerte sin más sentido que el placer del horror, la crueldad como último sentido.



Ignoro si estos seres son conscientes de mi presencia. El mundo marino en el que vivo no parece existir para ellos y aunque puedo observarlos permanecen impregnados de misterio y de un halo de absoluta incomprensibilidad. Enigma de los enigmas.


Jamás había visto tanta tristeza en un humano.


Los humanos tienen un don para la ausencia: dicen Fulano está triste, pero Fulano no está. Dicen Un día tendré tiempo, pero el tiempo no está. Presumen de todo. Los humanos dicen Mi casa. Dicen Tengo un jardín. Dicen Mi familia, mis amigos. Dicen La gente, dicen El mundo. Los humanos dicen Mío, mía, míos, mías.

 
Imagen de playbuzz y editada por mí



La diferencia entra la mirada humana y la de los animales está marcada, además, por la lírica. Uno esperaría que fuese dominio humano pero aquí el autor trastoca la visión y nos muestra que las “bestias” tienen más compasión y lirismo, una mirada más bella y profunda que la nuestra.

Somos una multitud en las inmediaciones del exuberante camino, acurrucadas en los huecos de las piedras o entre el follaje de los matorrales, para proteger nuestra luz. Brillamos lejos de la claridad diurna, lejos de las ciudades y lejos de los humanos. Somos el polvo antiguo de la inocencia olvidada. Aún existimos. Eternamente habrá tinieblas donde poder trazar nuestros evanescentes rayos y eso es algo que durará mientras duren las noches oscuras. Su desaparición significará nuestra desaparición. Será el final de los tiempos primitivos. Ya no habrá nadie para transportar, en la intimidad de los lagos y de los ríos, los brillos fosforescentes que den réplica a las estrellas. Pero hasta que la luz cegadora no diezme el mundo de las sombras, podremos seguir desgranando nuestro fulgor. No nos rendiremos. Luciremos. La persistencia de las luciérnagas teñirá los valles…

         Las diferencias culturales, de género y religiosas demarcan el territorio de los espacios donde unos se enfrentan a los otros, sumando a lo anterior,  el límite entre el humano y el animal. La novela explora el maltrato al que sometemos a todas las especies, incluso la propia. No hay paz para el humano ni en su propia especie.


El tema político está presente tanto en la masacre de Chatila como en los manejos de los asesinatos en Canadá y Estados Unidos, así como en otros sucesos que no voy a adentrarme por no develar la trama. Resalta lo patético de la impunidad, de los discursos legitimadores volcados siempre hacia legitimar el mismo dominio, la absolución de quienes han cometido tantas masacres, la impunidad, las víctimas y el horror que crece como una flor negra sobre la tierra. Los niños que por un lado son “protegidos” por los derechos pero que, en realidad, son trazos en un papel que no llegan a la vida cotidiana de quienes son reventados con bombas bajo la supuesta protección de ese papel garabateado que solo abre la realidad de la desprotección, la hipocresía tan contemporánea. Recuerdo a mi país, Argentina, cuando se indultaron a los masacradores que actuaron en la conocida dictadura argentina y tengo el recuerdo fresco de apenas unos días de un bebé arrojado en una bolsa de nylon así como el niño del Chaco que murió de hambre durante el anterior gobierno en tanto que ese mismo gobierno negaba las cifras de la pobreza en sus estadísticas oficiales y decía que  “estamos mejor que Alemania”, y lo peor, le creían.

Lo que ocurrió en 1982 nos dejó traumatizados. Por fuerza. Centenares de cristianos, bajo la mirada de centenares de judíos, masacraron a centenares de árabes.

Mientras leía, me preguntaba si no estaremos realmente en el infierno  y no nos damos cuenta. Sólo así podría llegar a entender la conducta de los torturadores y de los legitimadores de estas torturas. ¿Qué esconde la mente de quien tortura? ¿De quien le causa gracia y se destornilla de risa ante un ser humano retorcido de sufrimiento? ¿Qué sociedad es ésta que engendra estos monstruos que son incapaces de compasión? Yo no creo en catalogarlos de “enfermos”. Creo que son malignos y creo que la maldad no tiene cura. Digamos que si tuvieran cura no habría maldad pero la evidencia de las masacres que persisten demuestran que no se cambia el alma con una pastilla.
         ¿Qué nos queda? ¿Cómo viviremos a pesar de todo esto? ¿Es posible vivir conociendo tanto horror? ¿Merecemos ser salvados?
         Una vez mi veterinario me dijo que los gatos no son rencorosos y perdonan. Lo dijo cuándo le conté las torturas al que fue sometido el gato que rescaté y aún así sigue confiando en los seres humanos. Lo recordé cuando leí la novela. Lo miraba y pensaba qué pasará por su mente de gato en tanto me mira.

 El cielo no ha visto nada más bestial que el hombre.

Me separa un abismo de la palabra. Cómo consolar a un humano.



Da miedo la violencia extrema, la de cadena y balazo, la de cuchillo y bomba. Pero da más miedo la invisible, la cotidiana y la legitimada. Uno puede arrastrar una cadena durante años hasta que se harta, pero el dominio de la violencia no vista se puede arrastrar por generaciones. ¿Cuántas veces hemos cenado en familia mientras nos hemos reído por los dichos del tal Simon, el jurado de un programa de TV, quien somete a humillación pública a un concursante hasta hacerle llorar? ¿Cuántas veces leemos blogs donde quien escribe solo tira mierda todo el tiempo, defenestra a todo el mundo, eso sí, con altura “intelectual”, hablando de literatura, haciéndose el Simon literato contra los escritores? ¿Cuántas veces hemos sido partícipes de la destrucción de críticas demoledoras y no hemos sido capaces de invertir esa misma energía en construir? Es el mismo goce por causar daño. Es la misma cara de nuestra humanidad deshumanizada o quizás la humanidad bien humana, aquello que nos caracteriza y que ha algunos nos duele tanto comprender.


Leyendo sobre la vida del autor, también comprendí ciertos aspectos de la obra. Wajdi Mouawad es libanés y emigró de su país a raíz de los conflictos bélicos con sus masacres. Luego de una estadía en Francia, se radicó en Canadá. Muchos de los lugares que se mencionan en la novela pertenecen a Canadá como a Estados Unidos.

 
La fotografía es de Wojtek Kwiatkowski 

No obstante la desesperanza y la devastación, en la novela se incorpora la visión de Homo sapiens sapiens. De esta manera se obra en dos direcciones: por un lado, se incorpora al ser humano como uno más del reino animal; por otro lado, se segrega a los seres humanos en dos grupos, los compasivos que se guían por la bondad y los crueles que se guían por la maldad. El tema de la bondad y la crueldad humana está presente a lo largo de toda la historia. Dentro del reino de los animales, somos los únicos que podemos elegir entre la bondad y la maldad, aspectos inexistentes en el mundo de quienes se mueven solo por el instinto. No hay instintos en los humanos. En esto, nos hemos separado por completo del resto de las especies. Nuestro mundo es completamente simbólico. De aquí nuestra responsabilidad y la maldición de la libertad, la de deber elegir siempre.



TEMAS QUE ABORDA

La crueldad humana
La intolerancia ante las diferencias culturales, religiosas, étnicas.
El uso que hace el ser humano de las demás especies consideradas como objetos, negándoles la capacidad de percibir, de sufrir.
La maldad humana ante una bondad escasa


LITERIGATOS
Varios gatos se cruzan en el camino del protagonista.
Me quedo con una frase sobre gatos:

Los gatos existen para que el hombre pueda acariciar al tigre.



Es una novela desgarradora que nos permite vernos a través de los ojos de las especies con la que convivimos y que incluso forman parte del trasfondo de objetos o de invisibilidades en este reino dominado por una sola especie: Homo sapiens sapiens. La novela desarrolla un tono lírico en ciertos pasajes, lirismo que recae en la visión de las otras especies ante la contemplación de la humanidad.


         Cierro este post con poema de  William Blake de 1794.

La crueldad tiene corazón humano
y la envidia humano rostro;
el terror reviste divina forma humana
y el secreto lleva ropas humanas.

Las ropas humanas son de hierro forjado,
la forma humana es fragua llameante,
el rostro humano es caldera sellada
y el corazón humano, su gola hambrienta.






1 comentario:

  1. MARAVILLOSA tu reseña. Desgarrador ese poema al final >.< enhorabuena por el post. Me quedo con este libro para el reto de Serendipia y si no puedo para este, pues para otro que tengo, pero me gustaría intentar leer Ánima, pinta sumamente interesante y sobre todo, intenso.

    ¡Un abrazo! :D

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