lunes, septiembre 21, 2015

El país de las últimas cosas - Paul Auster (Mi lectura)


Titulo: El país de las últimas cosas
Autor: Paul Auster
Año: 2012
Editorial: Booket
Páginas: 208

En el país de las últimas cosas todo tiende al caos, los edificios y las calles desaparecen, y no hay nacimientos. La existencia se reduce a la mera supervivencia de vidas miserables sin «ni siquiera la esperanza de recuperar la esperanza». Anna Blume cuenta en una larga carta su paso por la ciudad, en busca de su hermano desaparecido, y su afán por vivir, a pesar de todo, en este ambiente devastado del final de la civilización.



Estas son las últimas cosas –escribía ella-. Desaparecen una a una  y no vuelven nunca más. Puedo hablarte de las que yo he visto, de las que ya no existen; pero dudo que haya tiempo para ello. Ahora todo ocurre tan rápidamente que no puedo seguir el ritmo.


MI LECTURA

La historia me atrapó desde la primera página al intentar descubrir qué sucedía para que las cosas ingresen en un estado de caducidad y olvido.
         Anna llega a la ciudad en busca de su hermano, William, quien trabaja para un periódico en tanto la ciudad se derrumba, perece. Los seres humanos son arrastrados por ese espacio donde el tiempo se acelera hacia la destrucción. Todo se torna efímero, incierto. La ciudad desaparece sobre sí misma, se enrolla en el límite del mundo y lo desconocido, el horizonte de la destrucción y la creación, porque toda creación es también una destrucción. Desaparecen las palabras, las personas, se hunden las casas, el territorio cambia demasiado rápido. Nosotros necesitamos un entorno que cambie muy despacio para sentirnos seguros. No digo inmutable porque nada es inmutable. Los cambios tan lentos se nos ofrecen como eternidad. Por este motivo ni siquiera percibimos que estamos evolucionando como especie. Y hacia el futuro dejamos el miedo a la extinción, nuestro cambio final, el giro hacia la desaparición. Hoy, nos percibimos estables, para siempre. La novela nos enfrenta a estos miedos, a la fugacidad y a la fragilidad de la vida.




 La obra está narrada como una carta extensa dirigida hacia un alguien que desconocemos, incluso podría pensarse dirigida hacia nosotros como lectores. La carta por momentos se torna una especie de diario y hasta de despedida, de testimonio. A través de su lectura, podemos meternos en la piel de un infierno similar a quienes viven en medio de una guerra. Cada habitante se torna un superviviente, un fantasma de lo que fue. Las cosas hablan el lenguaje de la muerte. Caen de fugaces, se doblan y se quiebran. Ya no sostienen, incluso, ni la menor significación. Una tuerca ahora es algo más cerca de la nada.
         Una de las escenas más fuerte que tuve que leer fue, no voy a comentar ningún final ni nada importante de la trama, la lucha de dos mujeres arrogando un cadáver desde la terraza. Hay varios pasajes que están tan bien narrados que uno simplemente siente que está ahí, luchando a la par de los protagonistas.
 La novela también puede leerse como una crítica hacia la sociedad actual, al despojo, a la injusticia de la pobreza, a la situación de quienes viven en las calles. Las ruinas de una ciudad puede leerse como la decadencia de nuestra propia sociedad y la inevitable destrucción.
         En ciertos pasajes, me acordé de una escena de la película “La maquina del tiempo” cuando él observa el cambio de una calle a través de un avance temporal muy rápido. Mientras leía, me imaginaba una ciudad en ruinas, una ciudad como las que uno ve, lamentablemente, luego de los bombardeos pero en una situación de aceleración, cayendo una tapia, surgiendo una ventana, explotando un depósito. ¿Cómo se podría sobrevivir en este vértigo?



¿Qué haríamos si el tiempo se acelerara tanto que todo lo que somos y tenemos se evaporase ante nuestros ojos?



LA NOVELA TRATA SOBRE

   La fugacidad
   La búsqueda del amor y de los afectos
   La injusticia social
   El poder del gobierno
   El olvido y la fragilidad de la memoria
   El sufrimiento


CONCLUSIÓN


La historia me impactó. Me resultó muy original la forma de narrar y concebir una ciudad mutable y enferma de caducidad. Me dejó una sensación de nostalgia y de admiración por esa mujer que es capaz de soportar tanto sufrimiento por salvar a quienes ama.
Pensé en la relatividad del tiempo. Para una mosca efímera, que vive solo un día, jamás podrá observar el paso de las estaciones, la transformación de una flor a fruto, el borrado de unas huellas en el barro. Para nosotros, su mundo es diminuto y voraz. ¿Cuántas cosas dejamos de comprender por vivir tan solo menos de cien años?
Me llevo esta historia para siempre como una de mis novelas favoritas.


Por Keren Verna

 Fuentes de las imágnes: Freepik


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