martes, diciembre 02, 2014

En el camino - Jack Kerouac

SEXO, TILA Y BE BOP
        

¿La carretera es la vida?


La pureza de la carretera.
La línea blanca del centro de la autopista se desenrollaba
siempre abrazada a nuestro neumático delantero izquierdo
como si estuviera pegada a sus estrías.



SINOPSIS EDITORIAL

Con el paso del tiempo, "En el camino", un libro que fue la biblia y el manifiesto de la generación beat, se ha convertido en una «novela de culto» y en un clásico de la literatura norteamericana. Con un inconfundible estilo bop, que consiguió para Kerouac el título de «heredero de Charlie Parker», en esta novela se narran los viajes enloquecidos, a bordo de Cadillacs prestados y Dodges desvencijados, de Dean Moriarty el mítico hipster, el héroe de todos los beatniks, «un demente, un ángel, un pordiosero» y el narrador Sal Paradise, recorriendo el continente, de Nueva York a Nueva Orleans, Ciudad de México, San Francisco, Chicago y regreso a Nueva York. Alco- hol, orgías, marihuana, éxtasis, angustia y desolación, el retrato de una América subterránea, auténtica y desinhibida, ajena a todo stablishment. Una crónica cuyos protagonistas, en la vida real y en el libro, fueron Jack Kerouac (Sal Paradise), Neal Cassady (Dean Moriarty), Allen Ginsberg, William Burroughs.



MI LECTURA

El libro fue inspirado en los viajes del autor, Jack Kerouac, quien registró las vivencias durante sus viajes, unos siete años,  vivencias que luego volcó en una novela escrita en menos de un mes. Neal Cassidy fue su amigo y está retratado en la figura de Dean Moriarty, el personaje que acapara toda la atención por su personalidad única.
La forma de escritura es densa, con oraciones largas amalgamadas con puntos y comas, o con muchas comas, pero sin ser sofocante ya que ofrece alternancia con otras oraciones cortas y diálogos vibrantes;  ofrece un avalancha de sensaciones, de lectura sin respiro, como un aluvión de memoria que desborda al narrador, un frenesí. El autor utilizó un rollo de 36 metros de papel para no cortar la escritura página a página, quizás fue lo que brindó a la obra este carácter de fluidez densa (1). El tono es coloquial como quien cuenta a un amigo sobre su pasado, mechando algunas reflexiones pero haciendo hincapié en los sucesos. Está narrado en primera persona y el narrador es testigo de los hechos, desde su óptica transitan los paisajes y las personas a través de su camino. No obstante algunos diálogos, para mi gusto, se vuelven muy artificiosos y poco creíbles como:

—Cuando te dije que tenía que dormir por culpa de Marylou, es decir, porque tenía que verla esta mañana a las diez, no utilicé un tono perentorio con relación a lo que acababas de decir tú sobre lo innecesario que era dormir, sino sólo, sólo, tenlo en cuenta, debido a que de un modo absoluto, simple, elemental y sin condición alguna, necesito dormir ahora, quiero decir, tío, que los ojos se me están cerrando, que los tengo rojos, y que me pican, y que estoy cansado, y que no puedo





Es fundamental contextualizar la obra para comprender el ser de esa generación beat, el paso previo al hipismo, con su auge en las décadas del cuarenta y cincuenta en Norteamérica luego de la crisis de la depresión sucedida en la década del treinta.   La vida del autor y su núcleo de amigos y parejas está marcada por la tragedia, comenzando por la pérdida de su hermano. No quiero caer en una lectura simplista pero quizás el intento de enfrentarse a su insatisfacción sexual, al inconformismo, a la visión de una sociedad armada con el modelo de clase media blanca, le impulsa constantemente a encontrar otro camino por fuera, como en el budismo, o por dentro, en los márgenes. Es un camino de búsqueda de destruir lo impuesto por una autodestrucción. La mujer de unos de sus compañeros de andanzas del autor, Joan Vollmer, muere de un tiro en la cabeza por participar de un jueguito de Guillermo Tell, una de las tantas tragedias en la vida de ese grupo.


Video para meternos en la época, filmado en 1959 en Nueva York con Jack Kerouac y amigos (Fuente: Youtube)

Comencé a leer esta obra con mucha expectativa por ser, según leí, uno de los libros icónicos de la generación beat,  por las buenas críticas como haber sido considerada una de las mejores cien novelas por la revista Time. Sinceramente, estuve tentada de dejarlo varias veces porque siempre esperaba una mirada de mayor profundidad sobre "el camino", el viajar en la búsqueda de algo fundamental y revelador. Por momentos, se me hizo cuesta arriba, sobre todo cuando describe y vuelve a describir el viaje, de ciudad en ciudad, de manera que me parecía que estaba leyendo siempre lo mismo; sumo a lo anterior, la infinidad de personajes que discurren a lo largo de las páginas. Así como sucede la monotonía del poste de luz repetido detrás de la ventanilla de un auto en movimiento, así me resultaron ciertas páginas, para mi gusto, sobrantes. Otras veces, pensé que eran las memorias de quien escribe sus días de parranda y aventura con sus amigos para no olvidarse, eso sí, cambiando los nombres para volverse ficción, para transformarse en su un personaje al estilo de  “viva su propia aventura”, una aventura de hombres adultos en búsqueda de la adolescencia perdida.  Si bien el autor deseaba publicarlos con los nombres reales, la versión que leí no es esa y creo que no es la más conocida.
Quizás sea mi incapacidad, pero entendí el sentido del libro. No obstante, decidí seguir leyendo ya que, a pesar de haber avanzado, aún no podía engancharme. Estaba tratando de que la historia me diera lo que yo deseaba pero, de página en página, me sumergía en las andanzas de un grupo de hombres que solo quieren: sexo, tila y be bop.  Y digo hombres porque es la visión desde una óptica masculina. Me chocó mucho la imagen de la mujer que va construyendo, escrito desde la primera persona por el protagonista, Sal Paradise, un escritor que vive con una tía en Nueva York y en 1946 inicia un viaje a Denver para encontrarse con unos amigos, entre ellos Dean, un personaje que encarna el típico vividor, apasionado  y al margen. Es la óptima masculina hacia una sociedad que aparece siempre por sus esquinas, en sus costados. Mientras leía, me pregunté qué imagen de la mujer se construyó desde dentro del movimiento beat ya que sus fundadores fueron hombres: Jack Kerouac, Neal Cassady, William Burroughs, Herbert Huncke, John Clellon Holmes, y Allen Ginsberg. Quienes se unieron con posterioridad, también han sido hombres: Carl Solomon y Philip Lamantia, Gregory Corso,  Lawrence Ferlinghetti y Peter Orlovsky (2).

La mujer forma parte de un cuerpo exaltado en sus contornos, cuerpo mercancía para el consumo de unos hombres insatisfechos que buscan la satisfacción mediata por el consumo. Me gustaría leer el libro escrito por Carolyn, la mujer de Neil Cassady (Dean) quien relató su experiencia dentro del grupo beat: Off the road (Fuera del camino). Sería interesante confrontar las dos miradas desde los roles de género y las diversas expectativas. Desde ya el título, “Off the road”, es una contestación a “On the road”. En la ruta están ellos, y fuera de la ruta está ella con los hijos, en su hogar. Carolyn falleció hace un poco, tenía noventa años, así que pudo vislumbrar y pensar su experiencia con la distancia del tiempo. En varias de las entrevistas que ella ha brindado, ofrece una mirada muy dura hacia el movimiento beat y hacia la experiencia de estar “en el camino”. Incluso, menciona que mantuvo una relación con Jack Kerouac a la par de continuar su vínculo con Neal pero  Jack sólo la menciona como un personaje secundario, alejada de él.


-Todos creen que fueron años maravillosos de alegría, alegría y alegría, pero no lo fueron en absoluto. Los imitadores nunca supieron lo miserables que eran aquellos hombres (3).
- La "generación Beat" fue un disparate, fue inventado por los medios de comunicación y alentada por Ginsberg (4).
-Nunca hubo nada llamado como “Generación Beat”. Fue un invento de los medios y de Ginsberg. Había muchos individuos haciendo cosas por separado y luego, los medios, los agrupó a todos. Kerouac siempre mantuvo: “No tengo nada que hacer con eso”. Lo cual nunca lo hizo, así tampoco Neal. (5)
-En “On the road” Jack en realidad no me menciona. Él dice que me conoció pero solo eso porque no quería ofender a Neal. Todo el tiempo en Denver, pasamos mucho tiempo juntos y solos.
-Él fue (Neal) tan miserable. Él se aborrecía (loathed) mucho. (…) Jack, por el otro lado, era paranoico y extremadamente sensible. Él juró que podía beber hasta morir. Ambos cometieron un suicidio.


Además de otros estereotipos femeninos, los que aparecen con mayor gravedad son: mujer “puta” y  mujer “madre”.  A veces, esta mujer puta se transforma en mujer madre. El cuerpo de la mujer es para el consumo y se lee cosas como “conseguir chicas”, a la par que una preocupación tan urgente como “conseguir cervezas”.

Yo me las entendía con una chica gorda y sin interés que tenía un perrito y que se enfadó conmigo cuando dije que el perro no me gustaba porque quería morderme. Acordamos que llevara el perro afuera, pero cuando volvió ya me había ligado otra chica, era más guapa pero no la que más me gustaba, y se me pegó como una lapa. Yo trataba de librarme de ella para ligar con una mulata de dieciséis años


—¡Eh, tío! Te dije en Texas que te conseguiría una chica… pues bien, desperézate y despierta del todo; hay unas chicas esperando por nosotros. —¿Cómo? ¿Cómo? —gritó incorporándose de un salto, todo ojeroso—. ¿Dónde? ¿Dónde?


—Ahí la tienes, tío, ésa es la auténtica mujer que necesitamos —dijo Dean en la calle a la luz del amanecer—. Nunca una palabra más alta que otra, nunca una queja; su marido puede volver a casa a la hora que quiera y con quien le dé la gana y hablar en la cocina y beber cerveza y marcharse en cualquier momento. Eso es un hombre y ése es su castillo —y señaló el edificio de apartamentos.


Lo que anhelamos durante nuestra vida, lo que nos hace suspirar y gemir y sufrir todo tipo de dulces náuseas, es el recuerdo de una santidad perdida que probablemente disfrutamos en el seno materno y sólo puede reproducirse (aunque nos moleste admitirlo) al morir. Pero ¿quién quiere morir?



Otro elemento recurrente es la música. Los protagonistas disfrutan del jazz en su vertiente Be bop. Anoté algunos nombres para luego ir buscando las canciones a la medida que leía: Charlie Parker, Max Roach, Dizzy Gillespie. Así se sumó a la visión de la carretera, el sonido de la noche de las ciudades norteamericanas del cuarenta, junto al mambo jambo y otros mambos.

Para completar esos elementos persistentes, también marqué párrafos sobre la religiosidad y el consumo de sustancias. Sobre la primera, está presente la creencia católica, la imagen de los profetas, de la santificación, del delirio casi místico de Dean. “Estar en el camino” podría ser entendido como la búsqueda de una espiritualidad, el deseo de transcender la materialidad de la época evidenciada por el consumo y lo decadencia. En cuanto al consumo de drogas sobre todo se menciona a la tila (marihuana) pero también podemos relacionarlo con el alcoholismo y el ácido, esas sustancias que permiten estar en “lo alto”, como dice el propio protagonista. Pero es una cumbre que siempre es caída.



 Nunca fui una admiradora de la cultura beat. En realidad, siempre me pareció muy superficial en su manera de intentar romper la alienación y darle patadas al sistema desde unos fuegos de artificios que no son ni siquiera un poco de luz. Caer en el consumo de drogas para liberarse no es más que beberse el sistema hasta los codos, ofrecer su cuerpo para la alienación de una sustancia que nos vuelve peleles y, de paso, cuerpo que termina enriqueciendo el comercio de sustancias que son mercancías; es un cuerpo que se escapa de un consumo para ingresar a otro. Igual reflexión me merece  el “consumo del sexo”, el cuerpo humano ofrecido por unos pocos dólares. El tema del consumo y el poder americano está presente, sobre todo, cuando viajan a México. En este viaje uno logra adentrarse en el universo de los protagonistas cuando comparan la vida mexicana y la identificación de los mexicanos por “sus chabolas”, “la miseria” y la “pobreza”. A los protagonistas les basta ver detrás de una ventanilla de un automóvil que va a altas velocidades una “casucha”, para saber que ahí viven mexicanos, incluso cuando habla de una ciudad.

Era la grande y definitiva ciudad de los salvajes y desinhibidos indios.

…todo México era un campamento de gitanos.

Los mexicanos son pobres.

¡Auténticas chozas miserables!, tío, de esas que sólo se encuentran en el Valle de la Muerte, e incluso mucho peores. Esta gente no se preocupa de las apariencias.

El vestíbulo del hospital estaba lleno de mexicanas pobres, algunas preñadas…

Y dentro de la obra van apareciendo estereotipos, incluso el mismo narrador se encarga de ir dejando en claro que no es lo mismo ser “beat” que ser “hipster” o que ser “mexicano” o que ser “mujer” o que ser “okies” o un “marica”. Toda una multitud de identidades contrastivas que resaltan ante los ojos del narrador.


En el bar vimos un espectáculo horrible: acababa de entrar un hipster blanco muy marica llevando una camisa hawaiana y le había preguntado al enorme baterista si podía sentarse junto a él.


El camino es la vivencia del hoy, del carpe diem, “aprovecha el día y no confíes en el mañana”, del disfruta y vive solo para este día; es el signo de una actualidad aún vigente, el ímpetu de alcanzar la felicidad por la satisfacción del ahora, del gozo sensual del cuerpo que nunca alcanza a completarse; un siempre irse a buscar eso que falta, viajar para llegar y para partir. En cada inicio de un viaje se abre y se cierra un círculo, el de la insatisfacción del ahora y la satisfacción del segundo después, siempre en estado de expectación, de posibilidad.




Al leer sentí que era una obra caduca y traté de meterme en la generación beat, en qué pensaban, en qué creían. Digo caduco porque lo que fue una revelación y un “golpe” como  hablar de sexo con menores, consumo de drogas, música que crecía separándose del jazz, un libro muy consumido, censurado y venerado, hoy se me presenta sin chispa, desinflado, perdón, es lo que sentí mientras leía. A dios gracias, el machismo ya molesta y tiene olor a rancio. El mayor impacto radica en  que son las memorias camufladas en una novela. Seguramente, si fuese una novela donde se construye un mundo ficcional anclado en esa época, no me “pegaría” tanto.
El camino no es "en el camino" del despojo, es el camino de aferrarse, de atiborrarse el cuerpo de sexo, de droga, de noche, de revolcarse en los lugares de los excluidos, marginales; es la intensión de darle un reventón al sistema que no llega ni a patadita, o quizás eso, patadita individual y egoísta. Es un camino de desesperación de seres agotados que no encuentran el hilo hacia su propia trascendencia. Es la performance del vagabundo como una actuación seudo liberativa, es ponerse en la calle para ofrecerse a la pobreza siguiendo asociaciones trilladas al estilo: pobres/ simples / terrenos / viviendo el hoy / en contacto con la naturaleza.  Quizás "en el camino" es el estado de la búsqueda de aquello que jamás se encuentra, es la necesidad y urgencia de irse siendo siempre un deambular de un sitio a otro sin saber dónde aferrarse, un irse para extrañar el volver, para que el vivir en ese sitio de origen sea soportable.
Hay algunos sentimientos o emociones que reaparecen: la exaltación y la tristeza. Los protagonistas van de un polo a otro pasando de la exaltación al escuchar el jazz y al ver una selva, a una tristeza abrupta, la tristeza del desencanto y de la miseria.


Quedamos tumbados de espaldas mirando al techo y preguntándonos qué se habría propuesto Dios al hacer un mundo tan triste.

Al anochecer paseaba. Me sentía como una mota de polvo sobre la superficie triste de la roja tierra.


No obstante, siempre se lee ese deseo de volver a los orígenes del salvaje, del buen salvaje al estilo de Rousseau, un estado de naturaleza, la pureza del campo, la incontaminación de lo agreste. Pero por otro lado, reaparece la visión de civilización y el deseo de llevarles a esos “indios” los adelantos y las “mejoras”, por ejemplo, regalándole relojes americanos. Ese es un “indio inmortal”, siguiendo la lectura,  que aún pervive en el de nuestro día, una mirada que desdobla a la humanidad de manera que por un lado encontramos a los siempre idénticos en una especie de estasis que guarda el germen de la simpleza primigenia y, por otro lado, el contemporáneo de ciudad, “civilizado”, que avanza mediante el progreso y el adelanto tecnológico, que cambia, evoluciona. Pisar un pasto y vivir en una choza es un rito de limpieza, léase una moda de la miseria.  La imagen del protagonista disfrutando de  la tarea de cosechar a mano el algodón casi en estado místico puede ilustrar esta idea. Por supuesto,  una vez completado el rito, que no llega al año, se vuelve a la misma cotidianeidad. Otra sería la idea si hay que cosechar algodón toda la vida: ni blancura del algodón, ni simpleza de una tarea que no requiere más que la pinzas de los dedos.


Podía pasarme toda la noche allí con la cara expuesta a los cielos, y los cielos no me harían más daño que un manto de terciopelo que me envolviera. Los insectos muertos se mezclaban con mi sangre; los mosquitos vivos intercambiaban otras porciones de mi cuerpo; empezó a picarme todo y a oler yo mismo a la rancia, caliente y podrida selva; el pelo, la cara y los pies olían a selva.


En el campo, un viejo trabajaba con un burro. El sol se levantaba puro sobre las puras y antiguas actividades humanas.


…indios solemnes y graves, eran el origen de la humanidad, sus padres. Las olas son chinas, pero la tierra es asunto indio.

La naturaleza se contagia de pobreza, de pereza, de inercia. El auto que transita entre montañas y campos, de ciudad en ciudad, es el símbolo que reúne a esos viajantes. El automóvil (coche) termina siendo el icono de la vida americana, de su sentimiento de progreso de la mano de la tecnología, sobre todo cuando ese auto es uno de los más poderosos medidos por la velocidad máxima que es capaz de alcanzar. Recuerdo una escena donde ellos se maravillan de poder manejar uno de los autos más veloces del mercado. Y a través de los vidrios del auto, la visión americana del afuera, la suya y la de Latinoamérica.


..era como conducir a través del mundo por lugares donde por fin aprenderíamos a conocernos entre los indios del mundo, esa raza esencial básica de la humanidad primitiva y doliente que se extiende a lo largo del vientre ecuatorial del planeta.




Todas estas paradojas me llevaron a construirme la visión de unos personajes insatisfechos y confusos, que no saben lo que quieren, que lo que desean es algo, digo algo abstracto, pero sin saber qué. Eso los impulsa al camino, a moverse hacia un punto muerto. Entre estas contradicciones puedo mencionar: mujer puta / mujer de su vida, salvaje puro / salvaje miserable, pobreza triste / pobreza pura, civilización corrupta / civilización salvadora.


¿Por qué no hablar también del miedo? Miedo a la rutina, miedo a la vida mediocre de un padre de familia trabajador, de quien encarna los ideales y valores del “sueño americano”, miedo a la imposibilidad de vivir a pleno el día a día, miedo a no poder escapar, miedo al anclaje.

Así como lo efímero de un paisaje que pasa flotante a través de un vidrio de un auto en movimiento, las relaciones amorosas reflejan este desarraigo y esta imposibilidad de anclarse. Todo fluye pero solo pervive la urgencia del movimiento, movimiento hacia otro sitio, la urgencia de un miedo que no tiene nombre.

PERSONAJES: QUIEN ES QUIEN

No obstante la obra está basada en la vida del grupo de amigos y conocidos del autor, traté de no estar buscando similitudes totales con la realidad, como en búsqueda de datos biográficos. En las primeras ediciones se censuraron ciertas partes y además se optó por el cambio de nombres, cuestiones que, con posterioridad, fueron anuladas. La versión que yo leí no tiene los nombres originales y tampoco leí reseñas o críticas que mencionaran la versión sin censuras.  
         Dejo algunos de los nombres reales que sirvieron de inspiración de sus personajes.


Camille = Carolynn Cassady
Marylou = Luanne Hendersonn
Salvatore Paradise = Jack Kerouac
Dean Moriarty= Neil Cassady
Carlo Marx = Allen Ginsberg


De todos los personajes el que más me impactó por su desarrollo y avance, así por su complejidad, es el de Dean. Es tal el magnetismo de este personaje que el  protagonista, Sal, queda en un segundo plano y es arrastrado por Dean, apenas un intento de imitación que demuestra la admiración que un seguidor profesa hacia su líder.
         Dean demuestra una gran inteligencia y carisma, con un empuje para emprender cualquier cosa, incluso, escritor o ladrón de autos. Toma lo que le ofrece la vida, viaja a alta velocidad desde el interior hacia el camino, es un aluvión de energía dispuesto a romper cualquier norma. Es el líder de ese grupo que se torna manada, quien determina las formas de relación, los objetivos y las salidas. Incluso, por momentos, toma el cariz de un profeta oscilatorio, inestable, siempre la borde de la explosión mística que lo vuele, que lo libere.


Un pariente occidental del sol, ése era Dean.

Dean se reía. Durante años había sido el gran profeta del grupo y ahora todos habían aprendido su técnica.


ADAPTACIONES

Fue llevado al cine y dirigida por Walter Salles, estrenándose en el año 2012. Ciertas escenas fueron firmadas en la Patagonia Argentina. No sé si es por cuestión de costos pero me hubiera gustado que se respetasen los caminos y rutas que se mencionan en el libro.
         Como anécdota, Jack Kerouac envió una carta a Marlon Brando para que interpretar el rol de Dean. Me encanta Marlon Brando y me imagino que hubiera estado fenomenal en la película. Fue un deseo frustrado. Recién en 1979 los derechos fueron comprados por Francis Ford Coppola (6).

Trailer



FRASES SUBRAYADAS




¡Hay tantas cosas que hacer, tantas cosas que escribir! Cuánto se necesita, incluso para empezar a dar cuenta de todo sin los frenos distorsionadores y los cuelgues como esas inhibiciones literarias y los miedos gramaticales…

Me desperté cuando el sol se ponía rojo; y aquél fue un momento inequívoco de mi vida, el más extraño momento de todos, en el que no sabía ni quién era yo mismo: estaba lejos de casa, obsesionado, cansado por el viaje, en la habitación de un hotel barato que nunca había visto antes, oyendo los siseos del vapor afuera, y el crujir de la vieja madera del hotel, y pisadas en el piso de arriba, y todos los ruidos tristes posibles, y miraba hacia el techo lleno de grietas y auténticamente no supe quién era yo durante unos quince extraños segundos. No estaba asustado; simplemente era otra persona, un extraño, y mi vida entera era una vida fantasmal, la vida de un fantasma.

Estábamos en el techo de América y lo único que hacíamos era gritar; supongo que no sabíamos hacer otra cosa…

Missouri por la noche, y los campos de Kansas, las vacas nocturnas de Kansas en los secretos desiertos, pueblos de cartón con un mar al final de cada calle…

Todo el interior de unas vidas interminables y sin final que es vacío. Lastimosas formas de ignorancia.

Estaba solo en la puerta de la calle, contemplando lo que pasaba por allí. Amargura, consejos, moralidad, tristeza… todo eso quedaba a sus espaldas, y ante él se abría la desnuda y estática alegría de la pura existencia.


Lo mismo que la lluvia que relaciona todas las cosas del mundo entero…

¿Qué se siente cuando uno se aleja de la gente y ésta retrocede en el llano hasta que se convierte en motitas que se desvanecen? Es que el mundo que nos rodea es demasiado grande, y es el adiós.

No puedo ofrecer más que mi propia confusión.

En la cárcel uno se promete el derecho a vivir.

—Problemas, ya ves, son la palabra que generaliza los motivos por los que Dios existe.



CONCLUSIÓN

A pesar de las críticas de más arriba, de lo denso que me fue leer sobre viajes que se repetían hasta perder mi interés, fue una lectura positiva ya que me permitió adentrarme en una época y en un estilo de vida. El beat fue apenas un golpe contra la omnipresencia de una sociedad que continúa con sus propios ritmos.
Yo creo que no hay liberación individual posible y me permito el pesimismo. No se puede cambiar la cultura como cambiarse un anteojo. La cultura nos ha formado como sujetos, nos ha construido, forma parte de nuestro esqueleto, de nuestro ojo y nuestras células. Ni somos más orientales por citar a Confucio, ni más liberados sexualmente por tener sexo con quien tenemos ganas. Hay que estirar más atrás e ir hacia el nudo dónde se forjó nuestro concepto de felicidad. Es una felicidad anclada en la satisfacción de las necesidades, un hedonismo de lo más radical (7). Y no hay nada más terrible que tratar de alcanzar ese estado de felicidad por las necesidades ya que estas no se satisfacen jamás. Siento sed, sed, sed. Luego siento deseos sexuales, más deseos sexuales, más deseos sexuales. En este mecanismo entre la necesidad y la satisfacción median las mercancías. Siento sed: compro agua mineral o gaseosa, pago por el agua de mi canilla; siento deseos sexuales: pago a una prostituta, compro una revista porno, compro un consolador, transformo al otro en objeto de placer y lo uso y lo tiro, a la par que nos decimos somos "liberados sexual". Yo me reclamo como sujeto de derecho transformando al otro en objeto, valga la paradoja. Y están las nuevas necesidades que se nos inyectan a la par que se ofrecen nuevas mercancías para satisfacerlas. ¿Qué liberación hay en esto? Yo leo el autoengaño de creerse liberado siendo uno de los hijos más feroces del sistema, el cuerpo donde este sistema caló hondo al extremo de una hipertrofia que se niega a sí misma y se sostiene por su contraparte. ¿No estamos confundiendo una moda pasajera de clase media y alta con un movimiento de cambio social y cultural profundo?
Ninguna liberación sucede en una vida. Se necesitan muchas generaciones para poder realizar un cambio, que es un proceso de extrema lucidez. Quizás es necesario avanzar hasta acá, romper, seudoliberarnos para luego llegar más allá, en un proceso de ruptura que siempre es desgarrador y violento. Nos hemos construido como sujetos e individuos arrastrados por una necesidad y por el deseo del éxito medido por las posesiones materiales. Nos resulta difícil pensarnos en una sociedad con pasado y con futuro. Pero siempre es un pacto social ya que mi ser no puede ser separado del ser venidero, lo iniciado en esta generación será continuado muchas generaciones más adelante. Y esto, entonces, es un acto de fe.


Por Keren Verna


REFERENCIAS

(1) Indihoy
(5) Esbn
(7) Eric Fromm. (1980) ¿Tener o ser? Fondo de Cultura Económica


Las imágenes pertenecen a  los siguientes sitios:



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