viernes, octubre 31, 2014

Seda -Alessandro Baricco


SINOPSIS EDITORIAL

Ésta no es una novela. Ni siquiera es un cuento. Ésta es una historia. Empieza con un hombre que atraviesa el mundo, y acaba con un lago que permanece inmóvil, en una jornada de viento. El hombre se llama Hervé Joncour. El lago, no se sabe.
Se podría decir que es una historia de amor. Pero si solamente fuera eso, no habría valido la pena contarla. En ella están entremezclados deseos, y dolores, que se sabe muy bien lo que son, pero que no tienen un nombre exacto que los designe. Y, en todo caso, ese nombre no es amor. (Esto es algo muy antiguo. Cuando no se tiene un nombre para decir las cosas, entonces se utilizan historias. Así funciona. Desde hace siglos).
Todas las historias tienen una música propia. Esta tiene una música blanca. Es importante decirlo porque la música blanca es una música extraña, a veces te desconcierta: se ejecuta suavemente y se baila lentamente. Cuando la ejecutan bien es como oír el silencio y a los que la bailan estupendamente se les mira y parecen inmóviles. La música blanca es algo rematadamente difícil.
No hay mucho más que añadir. Quizá lo mejor sea aclarar que se trata de una historia decimonónica: lo justo para que nadie se espere aviones, lavadoras o psicoanalistas. No los hay. Quizá en otra ocasión.


MI LECTURA

En un pueblo de Francia llamado Lavilledieu, en  1861, Hervé Joncour deja la carrera militar por el comercio de gusanos de seda. A raíz de una peste que mata las larvas, viaja a Japón para obtener huevos no contaminados. Estas series de viajes resultarán centrales en la vida de Hervé.
        
         La historia comienza así:

Aunque su padre hubiera imaginado para él un brillante porvenir en el ejercito, Hervé Joncour había terminado por ganarse la vida con un oficio insólito, al cual no le era extraña, por singular ironía, una característica tan amable que traicionaba una vaga entonación femenina. Para vivir; Hervé Joncour compraba y vendía gusanos de seda.


La obra está narrada aproximándose a una prosa poética, por el lirismo, la extrema condensación, cierta mesura en las descripciones, los diálogos. Observamos en esta condensación una alta significatividad, una búsqueda de la palabra exacta quitando todas las palabras accesorias hasta llegar a un pulimento casi como en la labor del poeta. Los capítulos son cortos y es una lectura muy ágil.
         Además, en todo el texto aparecen repeticiones que posibilitan una musicalidad en la lectura, reafirmar lo dicho y ampliar lo ya nombrado. Algunas de estas repeticiones se focalizan en situar al lector en el tiempo mediante la alusión de sucesos contemporáneos y conocidos; otras, sobre su oficio, lo que le dice a su esposa, el itinerario hacia y desde Japón. En cuanto a esto último, el autor no se detiene en los obstáculos del viaje, en un detalle que el protagonista podría haber recordado sino que se resume en un itinerario como cuando alguien te dice cómo llegar a X lugar. Me pareció interesante este recurso para no desviar la mirada y aliviar la tensión con descripciones de espacios o detalles de un viaje que dura meses.

Cruzó la frontera francesa cerca de Metz, atravesó Württemberg y Baviera, entró en Austria, alcanzó en tren Viena y Budapest para luego proseguir hasta Kiev. Recorrió a caballo dos mil kilómetros de estepa rusa, superó los Urales, entró en Siberia, viajó por cuarenta días hasta encontrar el lago Bajkal, que la gente del lugar llamaba: el mar. Remontó el curso del río Amur, caboteando la frontera china hasta el océano, y cuando llegó al océano se detuvo en el puerto de Sabirk por once días, hasta que un barco de contrabandistas holandeses lo llevó a Cabo Teraya, sobre la costa oeste del Japón.
        
 Fuente de la imagen: Casa rural puerta de la vera


La mesura quizás es un artilugio que acompaña a la forma de ser del personaje principal. Incluso se evidencia en los diálogos, cortos, pulidos, directos.

—¿Cómo es el fin del mundo? —le preguntó Baldabiou.
—Invisible.

        

La obra me resultó novedosa por su manera de narrar, quizás hasta volcando una mirada oriental, con su estética minimalista, con la trayectoria siempre presente de lo silente y la contemplación. Se opone a la forma occidental de conocer por apoderarse. En el final, él contempla un lago como acceso a la reflexión de su propia vida, con una actitud hasta meditativa.

Me gustó muchísimo por la forma casi poética de narrar y condensar los sucesos sin apelar a descripciones sofocantes ni a sucesos que desvíen del hilo argumental. En este sentido, pensé si no es más un cuento que una novela. Las imágenes que se utilizan son muy líricas y otorgan al relato mucha belleza.
Fue adaptada al cine por François Girard estrenada en el año 2008. Fue traducida también como “Mensaje de amor”. No la vi aún así que no puedo decir mucho de la película. 






MENSAJES ENTRE LÍNEAS

Seguir los sueños buscando la voz propia.
A veces aquello que se busca en la lejanía está a tu lado.
La rutina y las costumbres, a veces, nos anestesian.
El pudor puede impedirnos vivir el amor con libertad.
La belleza de los paisajes está en la mirada.
La búsqueda de la libertad se inicia en nuestra actitud cotidiana.
Para escribir nuestro destino solo bastan dos palabras.




CITAS MARCADAS

Tal vez la vida, a veces, te cambia de una forma que no hay nada más que decir.

Morir de nostalgia por algo que no vivirás jamás.

Parecía un catálogo de huellas de pequeños pájaros, compilado con meticulosa locura. Era sorprendente pensar que en vez de eso eran signos, es decir, cenizas de una voz quemada.

Tenía los labios entreabiertos; parecían la prehistoria de una sonrisa.

Así vio, por último, de improviso, el cielo sobre el palacio mancharse con el vuelo de cientos de pájaros, como expulsados fuera de la tierra, pájaros de todo tipo, estupefactos, huir por todas partes, enloquecidos, cantando y gritando, pirotécnica explosión de alas y nube de colores disparada en la luz, y de sonidos, asustados, música en fuga, volando en el cielo.

Al sur, en medio de los limoneros y los olivos, construyeron una gran jaula. Hecha de hierro y madera, parecía un bordado suspendido en el aire.

Llegaron del salón las notas de un piano cansado: disolvían el tiempo, hasta hacerlo casi irreconocible.

Tenía los ojos fijos en los labios de Hervé Joncour, como si fueran las últimas líneas de una carta de adiós.


Me despido acá para quienes no leyeron el libro. Para quienes sí leyeron quizás les interese leer a continuación sobre algunas cuestiones de la trama, el final y demás.

Keren Verna




SIGUE SPOILER SPOILER SPOILER SPOILER










Para quienes ya  leyeron el libro, me gustaría explayarme en otros aspectos como la presencia de la jaula, el cambio que sufre el protagonista y demás.
         Me pareció interesante la construcción del personaje principal, con su personalidad dócil, rutinaria, austera, sensible y su  vida sin excesos.

Tenía la inatacable serenidad de los hombres que se sienten en su lugar.

Como la desesperación era un exceso que no le pertenecía…

El resto de su tiempo lo consumía en una liturgia de hábitos que conseguían defenderlo de la infelicidad.

Su personalidad se resume en la imagen de la lluvia dócil, que cae sin más impulso que la distancia, que el vacío, por la fuerza de gravedad, por una ley foránea que la impulsa a caer, extranjera en su propio cuerpo cuya volición depende también de una energética externa.

Iba lloviendo su vida frente a sus ojos, sereno espectáculo.

Era, por otra parte, uno de esos hombres a los que les gusta asistir su propia vida, considerando impropia cualquier ambición de vivirla.

…dejaba que ese hombre volviera a escribirle ordenadamente su destino.

El tema de la falta de volición y la necesidad de un impulso foráneo para actuar o moverse de manifiesta en sus cambios de profesión y en una frase: “Al escuchar su propia voz decir”. Una voz que surge de un no pensamiento, no piensa y dice, le sorprende su voz que dice, como si la voz surgiera de otro.


Nadie parecía verlo, y él no parecía ver nada. Era un hilo de oro que corría derecho en la trama de un tapete tejido por un loco.


El descubrimiento de la mujer de Hare Kei, la fascinación y la atracción, será el interruptor en ese estado de estasis, lejos de su casa, de su barrio tan quieto, conservador y silente. A partir de sus viajes a Japón se desorganiza su rutina: viaja fuera de época, no cumple con los plazos, no consigue llegar a tiempo con los huevos que ya larva mueren, viaja con su esposa por placer y sin calendario, tomar decisiones por sí mismo. Acontece un cambio en Hervé.

         El gusano de seda con su transformación podría ser una metáfora de la vida del protagonista. En el último viaje los huevos eclosionan y las larvas mueren, no logran completar la transformación. Otra comparación es la jaula: vuelven los pájaros a la jaula por la costumbre o por el temor de la libertad. Él también volvió a su jaula, a su vida de domesticidad en ese pueblo tranquilo y constante. Incluso, cuando él comienza a cambiar, en el pueblo hablan mal de él, inventan sobre su vida. Cuando él vuelve a ser quien era, luego de la muerte de su mujer, a vivir en su casa, a ir a misa, otra vez hablan bien de él, recupera la estima social. El señalamiento social es una manera de separar a quien no cumpla una norma y es una manera de presión para que vuelva a los cauces considerados normales; es un mecanismo social más de fabricar docilidad y dominio. Hervé pasa sus últimos veinte años en su casa, contemplando el lago, en su jaula.

…su vida continuaría así para siempre.

         En el fondo, me resultó un final pesimista pero acorde a la personalidad del protagonista. Un final bien pensando.

         Otro personaje que acompaña al cambio de Hervé es su esposa, Hélene. Ella lo ama y comparte su forma de vida. Así como Hervé cambia a partir de sus viajes a Japón, también ella libera su domesticidad, su docilidad y su mesura pero al igual que con su esposo, no alcanza para una transformación total.



Nota:
La imagen con la frase fue tomada de Freepik


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