viernes, octubre 24, 2014

El insólito peregrinaje de Harold Fry - Rachel Joyce




SINOPSIS EDITORIAL

Novela inteligente y admirablemente construida, con un desenlace inolvidable, esta primera obra de Rachel Joyce —actriz de teatro y guionista de la BBC— ya está entre los libros más vendidos de Reino Unido y Alemania. De próxima publicación en más de treinta idiomas, ha despertado una enorme expectación por la sobria autent icidad de su prosa, que con una historia tan original como algo disparatada logra calar hondo en el ánimo de quienes la leen. Una mañana cualquiera, mientras su mujer pasa el aspirador en el piso de arriba, Harold Fry sale de casa para echar una carta al buzón. Recién jubilado, Harold está lejos de imaginar que acaba de iniciar un viaje a pie de un extremo a otro del país. No lleva calzado ni ropa adecuada, ni siquiera un teléfono móvil, y mucho menos un mapa o una brújula. ¿Para qué iba a llevarlos? Tan sólo va al buzón de la esquina para responder a la misiva de Queenie Hennessy, una vieja amiga y compañera de trabajo quien, tras un silencio de casi veinte años, acaba de comunicarle que está ingresada en un hospital del norte a punto de morir de cáncer. Sin embargo, cuando Harold se dispone a enviar la carta, un impulso repentino lo conmina a llevar él mismo el mensaje a su destinataria. Por una vez en su vida, Harold toma una decisión sin pensar, pero su intuición le dice que su amiga Queenie hará algo igualmente impensable y se curará. Así comienza un largo peregrinaje que dará un vuelco total a su existencia. Mediante el sencillo acto de caminar, Harold emprende un viaje al encuentro de sí mismo, un largo recorrido, duro y placentero a la vez, que lo conducirá a descubrir sus verdaderos sentimientos y deseos que yacían adormecidos en su interior y, por encima de todo, a exorcizar el terrible recuerdo que marcó su vida.





MI LECTURA
Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
Al andar se hace el camino,
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante no hay camino
sino estelas en la mar.

         Antonio Machado


Como el título adelanta, y la sinopsis que casi cuenta todo el libro, Harold Fry comienza una extensa caminata para llevar esperanza a una antigua amiga, Queenie,  a quien conoció en su trabajo. A medida que camina, iremos entrándonos en su vida y descubriendo, junto a él, aspectos ocultos de su pasado.


Peregrino significa, doblemente, “extranjero” y “viajero” (1), y Harold reúne las dos condiciones. Es extranjero de esa vida nueva de jubilado, espacio que se abre novedoso y hostil, apartado de su vida de trabajador, de su vida anterior, como iniciado en su  rito de pasaje hacia su nueva vida. Todo su pasado se hace presente a partir de la carta de su amiga, de quien nada supo por unos veinte años. Como dice René Guenon: “El estado de errancia es también un período de probación”.

…más que caminar al encuentro de Queenie, huyera de sí mismo.

   

       La historia es muy emotiva. No obstante, pierde algo de credibilidad justamente en la actividad del personaje principal: pasaje de una vida sedentaria en la ancianidad a caminante imparable. Mi padre una vez me contó de su viaje de peregrinaje a Luján, que se realiza una vez al año en mi país, que hizo cuando era joven y casi no llegó, y eso que son apenas cientos de kilómetros. Me fue difícil imaginarme Harold caminando en esas condiciones, con la ropa puesta, con zapatos no aptos para caminar mucho, ni siquiera unas buenas zapatillas. No obstante, este detalle, la lectura es amena y entretenida, a veces dolorosa y otras, sorprendente. Además, se integran ciertos personajes con toques de excentricidad como me gustan lo cual otorga complejidad a ese sentido de caminar: por salvarse, por salvar a otro, por fe, por huida.

Mapa que muestra su camino: de Kingsbridge se había propuesto llegar caminando a Berwick, tomado del libro reseñado




Esta historia también puede ser leída como una metáfora de un viaje de descubrimiento y salvación. A medida que Harold pasa de pueblo en pueblo deambula por su pasado, de manera que la marcha no es nunca lineal. Nosotros lo acompañamos y recorremos junto a él los aspectos más dolorosos y esperanzadores de su vida. Es un viaje de renacimiento personal, el reconocimiento de nuestra propia fragilidad y hasta dónde podemos llegar con perseverancia.

Comprendió que el viaje que había emprendido para expiar los errores del pasado lo llevaría también a aceptar la extrañeza ajena.

Harold ya no medía la distancia en kilómetros, sino en recuerdos.

         Para quien quiera continuar con la historia, la autora debido al éxito con esta novela, ha escrito sobre Queenie, The last song of Miss Queenie, según leí en la sinopsis,  donde se muestra la reacción de Queenie cuando se entera de la proeza de Harold.  No diré más porque estaría haciendo spoiler del libro que estoy reseñando. Este libro se ha publicado este mes, hace unos días, el 7 octubre de 2014.



Recordé, con la lectura, el peregrinaje de los flagelantes en la Edad Media, los peregrinos a Luján para visitar a la Virgen María y los sitios que siempre quise conocer como Santiago de Compostela. También vino a mi memoria esa frase que dice que todos los viajes comienzan con el primer paso.

No podía dejar de relacionar el peregrino con el poema de Antonio Machado, que cité como epígrafe, y la interpretación de Serrat.

Si tendría que pensar en una música de fondo para leer esta novela, recomiendo a Audiomachine, Deep Heart (phenomena) por su belleza, por su fuerza y por su fluidez. Amo este tipo de música. ¿Quién puede permanecer estático ante una canción con la siguiente? 




FRASES SUBRAYADAS


Si ella lo suplía a todos los efectos, entonces ¿quién era él?

¿Cómo era posible que nunca se hubiese fijado en nada de aquello?

Tal vez uno veía algo más que el paisaje cuando se apeaba del coche y empezaba a hacer uso de sus pies.

Ver crecer a un hijo equivalía a sentirse cada vez más apartado de él.

Ya no recordaba los detalles del día que se conocieron, ni qué había visto en Harold. Sólo que la había sacado en algún baile de barrio y que a su madre le había parecido un chico de lo más vulgar.

A veces, al mirar atrás, se preguntaba dónde había quedado aquella joven temeraria.

Pero era lo que tocaba, y lo sabía. Sabía que debía seguir aferrándose con uñas y dientes a aquello en lo que deseaba creer, y hundiéndose una y otra vez bajo el peso de la verdad, hasta que al fin ésta acabara imponiéndose sin sombra de duda.

Las emociones nunca habían sido lo suyo.

Ambos llevaban años instalados en un lugar en que el lenguaje carecía de significado.

La gente salía a comprar leche o a llenar el depósito de gasolina, incluso a echar cartas al buzón, y lo que nadie más sabía era el terrible peso que cargaba dentro de sí, el esfuerzo sobrehumano que suponía a veces aparentar que se era normal y se formaba parte de cosas que parecían fáciles y cotidianas, la soledad que implicaba todo ello.

Como transeúnte, ocupaba una posición desde la que todas las cosas, y no sólo el paisaje, se abrían ante sus ojos.

…con el cuerpo tan tenso por el esfuerzo de estar a la escucha, que tenía la sensación de ser más silencio que persona.

…los vestidos maternos aparecieron desperdigados por toda la casa, como múltiples madres huecas.

Era la fragilidad de la gente lo que lo llenaba de asombro y ternura, así como la soledad intrínseca a cada ser humano.

El mundo estaba hecho de personas que, como él, se limitaban a dar un paso tras otro, y una vida cualquiera podía parecer vulgar y corriente sencillamente porque quien la vivía llevaba mucho tiempo haciéndolo.

A veces tenía la sensación de ser más recuerdo que presente.

Saber recibir era un don tan grande como saber dar, pues requería coraje y humildad.

—Si te paras a escuchar, nadie da tanto miedo.



MENSAJES


Rescaté de la lectura los siguientes mensajes:

-Con perseverancia se puede llegar lejos
-No hay que perder la esperanza nunca
-Aún cuando uno piensa que es tarde, se puede intentar
-Transformar la vida para que sea una aventura

 Y ustedes, ¿se animarían a partir con lo puesto para cruzar miles de kilómetros para alcanzar un sueño?



Notas:
1.René Guenon. A propósito de los pregrinajes.
La imagen de la frase pertenece al sitio Freepik


Por Keren  Verna



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